Bares, qué lugares…

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Así lo cantaban los Gabinete Caligari allá por 1986 en su famoso tema Al calor del amor en un bar: “Bares, qué lugares / tan gratos para conversar / No hay como el calor / del amor en un bar”…

España, como es de todos conocido, es una potencia mundial en eso de los bares, con un bar por cada 259 personas. Por desgracia, uno de los motores de nuestra economía se encuentra hoy realmente tocado, y casi hundido, por los efectos del COVID-19.

La realidad es tozuda y a pesar de que los descensos en números de fallecidos e ingresados por el coronavirus en Andalucía, Cádiz y en concreto el Campo de Gibraltar comienzan a mostrar indicios que nos llevan a pensar en la posibilidad, más que real, de que por fin comience la famosa “desescalada” durante el mes de mayo, para la hostelería todo son dudas y temores.

Dudas como cuándo podrán abrir (ya que en una hipotética lista de aperturas ellos siempre irán los últimos de la fila); qué condiciones sanitarias les serán exigidas; el más que seguro descenso en los aforos; la obligación legal tras el ERTE de mantener plantillas y la confianza del cliente a la hora de volver.

En esto, como en todo en la vida, habrá establecimientos de primera, de segunda y de tercera. No será por supuesto lo mismo para aquellos con terraza; los que dispongan de locales más amplios; o quienes, por suerte, hiciera un tiempo que no acometían las permanentes reformas o cambios de equipamiento que suelen hacer estos establecimientos. Todos estos encontrarán, quizás, alguna facilidad más a la hora de la vuelta. Pero la triste realidad es que todos en mayor o en menor medida se verán realmente afectados por la gran crisis que comienza a asomar por la esquina.

¿Y por qué si aún no sabemos las dimensiones de esta crisis deberíamos estar especialmente  preocupados por los bares?. La respuesta es muy sencilla: SON NUESTRO ADN. Son el lugar donde celebramos nuestras alegrías, donde nos encontramos con nuestra familia y con los amigos, donde nos relajamos tras una larga jornada de trabajo, donde pasamos gran parte de nuestras vacaciones, donde muchos conocimos nuestras parejas, donde probamos esa tapa o plato que nos recuerda a nuestros abuelos, donde escuchamos grupos tributo de nuestras bandas favoritas, donde, en definitiva, pasamos probablemente muchos de nuestros mejores momentos. 

Toca exigir a nuestros gobernantes, empezando por los alcaldes, la exención de absolutamente todas las tasas municipales, pero no solo eso, sino también ayudas excepcionales al sector en cada municipio. La Mancomunidad y Diputación deberían ser capaces de idear y orquestar ayudas especiales para compensar la suspensión de todos los eventos excepcionales como Rutas del atún, Ferias, etc… La Junta de Andalucía debería de contar con ayudas urgentes para algo tan nuestro como son los chiringuitos que en este caso además funcionan como especial atractivo turístico en un momento tan delicado para el sector y, por supuesto, el Gobierno Central, que debería permitir la incorporación paulatina de trabajadores sin forzar la incorporación de plantillas completas a sabiendas que los ingresos serán infinitamente más bajos.

Y, como siempre, hago extensiva las responsabilidades a todos nosotros. Cuando abran nuestros bares, visitadlos, recordad lo de la aldea gala, toca apoyar a los nuestros, los que han estado ahí siempre. Ya habrá tiempo de viajar. Toca que el que pueda compre los bonos prepago que muchos están ofreciendo en la redes y recomendarlos y compartir sus publicaciones.

Desde este rincón, sólo desearos a todos los hosteleros suerte, salud y fuerza, porque os necesitamos más que nunca…para volver cuanto antes a ser lo que fuimos.