¡¡Vamos Rafasssss!!

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El gran Rafa Nadal, en uno de sus característicos gestos de victoria. Foto: Europa Press

Me apetecía escribir hoy de algo que pudiera poner de acuerdo a una mayoría de los que decidan leerme y casi me atrevería a decir de alguien que consigue poner de acuerdo a bandos y posturas irreconciliables en este país.

Pero ni soy periodista deportivo, ni Don Rafael Nadal Parera requiere de mis torpes habilidades como escritor para ensalzar su carrera. Por tanto, trataré de usarlo como el ejemplo al que nos deberíamos agarrar siempre, más aún si cabe en momentos tan delicados como los que andamos viviendo.

Otro de los motivos de escribir hoy, antes de saber cómo le irá esta tarde a partir de las 15:00, es no utilizar el ventajismo, ni el “resultadismo” para mi análisis. Los valores de Rafa van más allá de que hoy consiga o no (ojala que sí) su vigésimo Grand Slam, en el que sería su nada más y nada menos que treceavo entorchado parisino.

Nadal representa, a mi parecer, mejor que nada ni nadie aquello que debemos buscar como sociedad, como ciudad, como comarca, como región y como país … educación, esfuerzo, talento, sacrificio, constancia, dedicación, ambición, respeto… y no sigo porque me faltarían adjetivos para un deportista único e inigualable.

Pero, ¿por qué todo lo que admiramos de Nadal es de lo que más adolece actualmente nuestra sociedad? ¿Por qué no buscamos líderes que nos inspiren? Líderes que nos unan, que nos provoquen respeto y admiración, que nos ayuden a cambiar esta cultura burda del Lazarillo de Tormes por una cultura de la meritocracia, donde “el currículum, la experiencia y la capacidad” sumen más que el “a quién conoces, de quién eres hijo o quién te debe un favor”.

Sin duda, los cambios estructurales en la cultura y la idiosincrasia de una sociedad son difíciles y requieren de tiempo, esfuerzo y consenso. Pero a mi parecer no hay mejor momento que una crisis de la envergadura de la actual, donde no existen responsables en origen, pero sí los habrá de su gestión y su mejor o peor solución.

Momentos de dudas, de incertidumbres, de desconocimiento, de prueba y error, en los que lo único que nos gustaría a todos es pensar que aquellos que tienen que tomar difíciles y duras decisiones son, al menos, los mejor preparados (ya nos gustaría que ése fuera el caso).

En las últimas semanas (y el que me haya leído con asiduidad lo sabrá), siempre ando repitiendo que, por desgracia y por la información que manejo, a la crisis sanitaria le seguirá una profunda crisis económica, cuyo calado aún es desconocido.

Esta crisis sanitaria/económica está produciendo, además, una aceleración en procesos de digitalización que hace que algunos sectores no tengan tiempo para reaccionar y adaptarse a las necesidades que nos plantea una “nueva realidad” que ha venido para quedarse.

Por todo esto que nos está ocurriendo, y todo lo que está aún por llegar, lanzo un grito desde este rincón para que la gente con talento, con currículo y con ganas de cambiar las cosas, se postule para ayudarnos a salir de ésta, contando por supuesto con que los electores sepamos dar nuestra confianza a gente que se parezca un poco a mi querido y admirado Don Rafael Nadal Parera.

¡¡Vamos Rafasssss!!