Lo que he aprendido de ‘La Isla de las Tentaciones’

436

Me encanta la televisión. Lo veo todo; desde los documentales de la dos hasta los culebrones alemanes del fin de semana en Antena 3. Y sí. Lo confieso, sin complejos. También me maravillan los reality shows, el salseo y bajunerío televisivo. 

El año pasado descubrí un espectáculo nuevo: ‘La Isla de las Tentaciones’. Un programa en el que varias parejas deciden poner a prueba su relación pasando unas fantásticas vacaciones, separados, en villas de lujos perdidas en el Caribe, mientras un grupo de solteros dispuestos a encontrar el amor intentan conquistarles y que caigan en la tentación. Me pareció el colmo de la degradación humana en la televisión y creo que por eso también me enganchó. Lo siento. El programa, que acaba de despedir este miércoles su segunda edición, y ya hay una tercera grabada, ha sido todo un éxito, líder absoluto de audiencias y protagonista diario en redes sociales. 

Para sentirme un poco mejor con la Sandra que intenta culturizar su mente, siempre intento sacar alguna lección útil de estos circos televisivos. Y si además, como ahora, tengo la oportunidad de compartirlo por si sirve de algo a alguna mente más joven a la que este tipo de programas le pueden hacer mucho daño, pues mejor. Por eso hoy comparto todo lo que he aprendido de ‘La Isla de las Tentaciones’ 2.

No Tom, la culpa no es de ellas

Tom Bruce, uno de los protagonistas de esta edición, y no por su buen comportamiento, fue el primero en caer en la tentación, argumentando que le había sido desleal a su pareja porque era una celosa que no le dejaba ser él mismo (pues vaya manera de ser que tienes, amigo) y porque la soltera, su tentación, era una morena de explosivas curvas. En fin, lo fácil, la culpa no es de él, sino de las chicas que le rodean, una por celosa y otra por estar cañona. Peligrosa postura que me recuerda a lo de: “llevaba la falda muy corta” o “qué hacía sola a las tres de la mañana”. Tan peligroso como el papel que, sorprendentemente, adoptó por algunos momentos Melissa, su pareja herida, y que llegó a pensar que si Tom le había sido infiel es porque algo mal había hecho ella. ¡Error!

Lo siento Mayka, la culpa tampoco es de él

Mientras, en la casa de las chicas, Mayka trató de buscar desde el principio cualquier gesto inapropiado o una mala palabra de su pareja Pablo, que por cierto demostró un comportamiento ejemplar, para excusarse y hacer lo que le apetecía desde el primer momento en el que conoció a su tentador Óscar. Mayka se enroló en la bandera de la modernidad y la libertad para defender estar haciendo lo que le nacía, arrimarse a Óscar, y ser una persona sincera y nada falsa. Pero perdona, no creo que la modernidad, la libertad y la sinceridad con una misma sea incompatible con ser respetuoso con tu pareja

Parejita, lo vuestro no es amor

Hubo una pareja que pareció no encajar en el formato y no sentirse cómoda con este rollo: los sevillanos Inma y Ángel que abandonaron el programa justo al inicio. Decidieron irse juntos, con una musiquita romántica de fondo, porque se amaban y no soportaban pasar más de 48 horas el uno sin el otro. En mi humilde opinión, la música romántica sobraba; depender de otra persona los 1.440 minutos del día no creo que sea amor. Tres meses después, Inma y Ángel han roto.

Sí chicos, desprendéis tufillo a machirulo

Hoguera tras hoguera, ese momento en el que les muestran a los concursantes qué están haciendo sus parejas en la otra villa, los chicos desprendían un tufillo a machirulo importante. Por ejemplo, cuando una chica le era desleal a su pareja resultaba ser “una bajeza”, “alguien poco digna”, pero cuando lo hacían ellos a ellas se felicitaban porque “¡es que ellos están buscando su felicidad!”. Lo de siempre. Ellos, los machotes. También cuando sus parejas no hacían nada físico que pudiera molestarles, pero confesaban en las imágenes que no eran felices en sus relaciones y ellos nada, tan tranquilos, porque lo único que les parecía importar es ese sentimiento de posesión, de “bueno, mientras no toquen lo mío”.

Melodie, yo también quiero ser amiga tuya

Melodie ha sido sin duda la revelación de esta edición. La ganadora moral. Una joven educada, sensata, coherente y que esta experiencia le ha servido para saber qué es lo que quiere y no quiere en su vida. Ha sido respetuosa y consecuente. Su momento cumbre fue cuando se tiró al suelo con una hundida Melissa, la chica humillada este año por su pareja Tom, y le levantó la cabeza, animándola a volver a levantarse. “No te mereces esto”. Y es que, a veces, en el mundo de las chicas, somos nosotras mismas las que más difícil nos lo ponemos entre nosotras. Así que es un alivio ver a dos jóvenes que en lugar de perder el tiempo juzgándose o criticándose por “esta ha hecho esto o esta ha dicho tal”, se unen y apoyan. La unión hace la fuerza. 

Al final de todo, creo que la lección más clara que me llevo de este nuevo programa es que lo que sale en ‘La Isla de las Tentaciones’ no es amor. Al menos eso espero.