El drama de una familia de feriantes que afronta su segundo año sin poder trabajar

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La familia Benitez en su puesto de los patitos.

Los Benítez, conocida familia de feriantes de La Línea de la Concepción, es una de las muchas familias de feriantes que, otra vez, entre la incertidumbre, la angustia y el cansancio, afronta su segundo año consecutivo sin poder trabajar, al menos sin previsiones de ello de momento. Una segunda temporada de ferias perdida, 24 meses sin ingresar un duro haciendo lo que mejor saben hacer, lo que llevan haciendo toda la vida.

“Estamos tratando de sobrevivir, adaptándonos a las circunstancias. Este año teníamos algo de esperanzas de poder trabajar de alguna forma, pero parece que al final nada, los ayuntamientos han empezado a anular sus fiestas y esto ya es un efecto dominó, uno tras otro cancelando”, señala a este medio Carmen Benítez, que pertenece a una tercera generación de feriantes. Actualmente, cinco de sus siete hermanos se ganan, o ganaban, la vida con las ferias. Cinco familias que, en estos difíciles momentos, han tenido que reinventarse: “Dos de mis hermanos han conseguido trabajo en Gibraltar, otros están limpiando casas, y otros estamos aguantando con la venta en los mercadillos y algunos cacharritos que hemos podido montar en la Plaza de la Constitución. Algunos compañeros, por ejemplo, han encontrado trabajo como camioneros transportistas”.

Los Benítez cuentan, de forma permanente, con un puesto de camas elásticas y de los tradicionales patitos instalados en la Plaza de la Constitución de La Línea. “La verdad es que el Ayuntamiento se ha portado muy bien en esto, dejándonos este espacio para poder ir sobreviviendo. Es una ayuda, y no nos cobra tasas. El Ayuntamiento de Tarifa también se ha solidarizado mucho. Este verano pudimos montar en su mercadillo”, añade. Sobre la posibilidad de que el parque móvil de Andalucía que tan buenos resultados está dando en Sevilla se instale este verano también en Algeciras o La Línea, responde rotunda: “Ojalá, ojalá. Nos parece una idea estupenda. Que se haga algo, sin casetas, sin aglomeraciones, con todo el control y las medidas establecidas, pero que podamos trabajar como cualquier otro comercio lo hace“.

Y es que Carmen asegura que el sector de los feriantes está pasando por esta crisis como un sector invisible y estigmatizado. “Nos sentimos discriminados. Me parece increíble que no tengamos cabida en ninguna parte. Nosotros somos otro negocio más, como una farmacia, un supermercado, pagamos nuestros impuestos y contribuimos a la riqueza del lugar; yo consumo aquí, hago mi compra aquí y colaboro con la economía, pero no, no nos dan cabida. Entendemos que respetando todas las medidas de seguridad establecidas, el control de aforo, las distancias y demás, se puede encontrar un término medio para que los feriantes podamos trabajar. Comprendo la responsabilidad de los políticos en la gestión de esta pandemia, pero deberían ponerse más en los zapatos de los demás“.

Carmen asegura que el verano pasado, con todo lo ocurrido, sufrió ansiedad y, como muchos otros compañeros, subraya que su familia lo está pasando mal. “Al final te acostumbras a esta situación y aprendes a valorar las cosas de otra manera. Pero la incertidumbre de no saber por dónde va a salir la cosa, el pegar en todas las puertas y nada, es muy duro”. Destaca que las ayudas no llegan, o ni siquiera existen.

Con esta pandemia y la imposibilidad de montar sus puestos, no sólo sufre el capital humano de estas pequeñas empresas familiares de feriantes, también afecta al equipo material. Los Benítez cuentan con atracciones como las camas elásticas, el conocido trenecito, los patitos, unas avionetas voladoras para los más pequeños, los coches que chocan y varios globos hinchables. “Tener tanto tiempo la maquinaria desmontada y almacenada no es bueno para nada. Cuando la volvamos a sacar habrá que arreglar muchas cosas. La furgoneta llevamos un año sin usarla y para hacerle unos arreglos y pasar la ITV hemos tenido que vender juguetes en los mercadillos”. Los Benítez han estado vendiendo parte de su stock de juguetes en los mercadillos. Otros los han donado, como hacen cada año, a algunas asociaciones y colectivos con motivo de las fechas navideñas.

Carmen lanza una petición, un grito de auxilio, un SOS: “Sólo le pido a los políticos que nos ofrezcan soluciones, un buen Gobierno es el que busca soluciones, y nosotros también somos parte de esta sociedad. Me parece muy injusto que un mercadillo o una plaza de abastos pueda abrir y yo no. Nuestro trabajo debería estar mejor valorado. Nos asocian a las fiestas patronales, a las aglomeraciones y al despiste, pero podemos seguir trabajando en una zona más ordenada, con control y respetando las medidas. No nos pueden seguir cerrando la puerta a cal y canto. Tenemos derecho a seguir trabajando“.