viernes, junio 25, 2021

DETRÁS DE LA HISTORIA (V): Los ángeles desaparecidos de Cruz Herrera
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La obra de Cruz Herrera es uno de los mayores legados artísticos de los que presume la ciudad de La Línea. El museo que lleva su nombre, ubicado en los Jardines Saccone, guarda un centenar de trabajos de la colección pictórica de este pintor que principalmente versó su obra sobre retratos y paisajismos. Sin embargo, Cruz Herrera pintó muchos otros motivos que salpican distintos rincones de esta ciudad, como la iglesia de La Inmaculada, que cuenta con un Cristo Crucificado que tras su lienzo esconde una historia muy particular. 

Se trata de una réplica exacta del famoso Cristo Crucificado de Velázquez que se encuentra en uno de los laterales de este santuario. Cuando Cruz Herrera pintó esta copia, le añadió dos ángeles desnudos en divina adoración que rodeaban al Cristo pero que al párroco de aquel momento no convencieron, mandándolos a borrar. Se desconoce cuál fue el motivo, si el desnudo de los mismos o por fidelidad al cuadro original, lo cierto es que desató la furia de Cruz Herrera como queda demostrado en una carta que el propio pintor envió al sacerdote y al Obispado, en la que acusa al párroco de «raspar» los ángeles con sus «pezuñas». No se conserva fotografía del cuadro original.

Comienza así: «El vandálico acto de raspar con sus pezuñas aquellos dos ángeles que rodeaban en mística adoración al Santísimo Cristo; es el acto más adecuado para deshonrar con su miserable maldad al Santo hábito que por equivocación usted lleva puesto». 

José Herreilla Cruz Herrera (La Línea de la Concepción, 1890-Casablanca, 1972) y su obra recorrieron el mundo. El artista linense trabajó en distintos puntos de España, Uruguay, Argentina, Francia y especialmente Marruecos; sin olvidarse nunca de su tierra, de sus raíces. A su madre le hizo dos promesas en vida: que siempre la recordaría, por eso firma como Cruz Herrera, y que cuando se convirtiera en un artista de renombre pintaría el Cristo de Velázquez. 

Así lo destaca la directora del Museo Cruz Herrera, Mercedes Corbacho, que restauró esta copia en 2008 y pudo comprobar entonces algunos restos de aquella particular trifulca entre el pintor linense y el sacerdote. “En el 2008 pude limpiar el cuadro y confirmar mediante escáner que existían unas marcas que probaban este daño que sufrió la pintura, ese raspado, como dice Cruz Herrera en su carta. Parece ser que los ángeles estaban en la parte baja del cuadro, adorando al Cristo”. Corbacho espera volver a tratar esta obra próximamente, ya que, debido a la humedad del templo, necesita que el lienzo vuelve a tensarse. 

Según explica la directora del museo, hacer desaparecer una pintura, sobre todo cuando todavía está fresca, es relativamente fácil. «Lo peor es que, según se aprecia en las radiografías, parece que estos ángeles se rasparon, y esto es mucho peor que pintar encima, claro». Ajeno a la disputa de entonces, el Cristo Crucificado de Velázquez pintado por Cruz Herrera permanece, solemne y majestuoso, en la parroquia de La Inmaculada.

Un reportaje publicado en el segundo número de Siroco Magazine.

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