domingo, septiembre 26, 2021

BREXIT, la vida que la Verja no detiene
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Más allá de las históricas disputas políticas, de desencuentros en los despachos y sillones, de banderas y titulares, son muchas las familias, parejas, amigos, estudiantes y miles de trabajadores los que labran cada día su futuro personal y laboral en esta tierra fronteriza con Gibraltar. 

La tantas veces defendida singularidad del Campo de Gibraltar no sólo tiene reflejo en su estratégica situación geográfica, al sur del sur, con sus particulares rincones y riquezas, sus propias y características circunstancias socio-económicas, su industria y turismo, su gente, sus posibilidades y tantas potencialidades, sino que la idiosincrasia de este lugar también deja huella en las relaciones personales que a diario superan cualquier tipo de barrera mental y física en este paso fronterizo entre Gibraltar y la comarca. Una zona que hoy afronta nuevos desafíos como el incierto Brexit. Una amenaza más entre países que entre personas. Un reto más político que personal, en esta Verja en la que la vida no se detiene.

José Antonio Ruiz López (La Línea, 21 años) y Karina Tewkesbury (Gibraltar, 28 años) son una de las muchas parejas, de españoles y gibraltareños, que prueban los estrechos lazos que siempre han existido en esta singular comarca fronteriza. Se conocieron participando en la comunidad de la iglesia evangélica Esperanza de Vida, en La Línea, y desde hace dos años salen juntos. El próximo 2021 contraerán matrimonio. 

Diferencias culturales y barreras físicas, como la propia Verja, no han impedido que estos dos jóvenes se preocupen y centren en lo importante: conocerse y quererse cada día un poco más. “En general, a pesar de las pequeñas diferencias, las relaciones entre españoles y gibraltareños son buenas, tan normales. Es un trato de tú a tú, ya sea un noviazgo, una amistad, un compromiso laboral, lo que sea”, comenta Karina Tewkesbury, que describe su relación con la naturalidad con la que lo haría un algecireño y una barreña, un sanroqueño y una linense. Los padres de Karina también son una pareja transfronteriza. “Mi padre es de Gibraltar y mi madre es española. Se conocieron justo después de la apertura de la frontera”. Por lo que esta joven gibraltareña no oculta su apego también al otro lado. “Al fin y al cabo, el 50% de mi ADN es español”, añade.

Queremos mantener nuestras raíces, nuestra propia cultura, pero también aprender de la del otro, sin dejar de sentirnos de un lado u otro de la frontera

Para José Antonio, Karina ha sido su primer contacto estrecho con Gibraltar, aunque reconoce que, como muchos otros campogibraltareños, de una forma u otra, el Peñón siempre acaba apareciendo en alguna parte de los relatos familiares. “Mi bisabuelo se refugió en Gibraltar durante la Guerra Civil y también estuvo trabajando allí. Al final todos tenemos, o hemos tenido en algún momento, familiares y amigos trabajando al otro lado. Yo hasta ahora sólo conocía Gibraltar como lo conocemos todos, de pasada. Hasta que empecé a salir con Karina no había tenido un trato más directo y cercano con su gente, y me encanta”, señala.

Familiares y amigos de los dos jóvenes reaccionaron a su relación con la naturalidad que merece. “Nuestras familias están muy contentas. Si nosotros estamos bien, ellos también. Sin ningún tipo de problema”, destaca la pareja, que asegura que las riñas políticas quedan muy lejos de las relaciones personales a pie de calle. 

Tan cerca y a la vez tan lejos. La pandemia de Covid-19 no sólo ha interrumpido muchos de sus planes diarios, sino que ha vuelto a poner de manifiesto las particularidades de este tipo de relaciones transfronterizas. “Cuando el estado de alarma pasamos de vernos todos los días, o casi todos, a estar sin vernos durante tres meses. Manteníamos una relación a distancia, a pesar de vivir a 20 minutos andando el uno del otro. Bromeábamos incluso con ponernos cada uno en una punta y otra de la frontera con unos prismáticos para poder vernos”.

Los dos tienen claro que su incipiente futuro, su familia, lo quieren construir en Gibraltar. De hecho, la joven pareja tiene previsto acceder a una vivienda propia, facilitada por el Gobierno del Peñón, que estará lista en 2023. “En Gibraltar, si eres de aquí, te apuntas a una lista para optar a una casa y ya te van llamando según la posición en la que estés. Mientras nos llaman para 2023 pensamos alquilar algo por aquí cerca, en La Línea por ejemplo”, explica Karina. 

Este tipo de facilidades de las que disfrutan los gibraltareños es algo que llamó mucho la atención de José Antonio. “Me asombró no sólo el tema de la vivienda, sino también el sistema educativo. Allí en Gibraltar todos disfrutan de becas de estudio y además hay muchas opciones de formación y ayudas para que el alumno se desarrolle no sólo delante de los libros, sino en el arte dramático, la literatura, la música y el baile, por ejemplo. Me encantaría vivir allí y que nuestros futuros hijos puedan disfrutar de todo esto”.

Ambos quieren exprimir las oportunidades que se les asoman a un lado y otro de la Verja. Por ejemplo, en cuanto a la conveniencia de que sus futuros hijos sean bilingües. Una particularidad que se está perdiendo. Así lo asegura Karina, que estudia magisterio en la especialidad de música por la Universidad de Gibraltar, y durante sus prácticas ha comprobado que cada vez son más los menores gibraltareños que hablan poco español, a pesar de la cercanía con este país. “Esto es una pena, la verdad. Los niños de aquí cada vez hablan menos español. Nosotros tenemos claro que queremos mantener nuestras raíces, nuestra propia cultura, pero también aprender de la del otro, sin dejar de sentirnos de un lado u otro de la frontera”, apunta.

Este enriquecimiento cultural es algo que los dos han sabido aprovechar desde un primer momento, compartiendo vida social a un lado y otro. “Yo tengo la suerte de tener buenos amigos aquí en Gibraltar y muchos otros en España. La mayor parte del tiempo lo pasamos allí en La Línea. Hay muchos gibraltareños que, con normalidad, disfrutan su tiempo libre en España”, subrayan.

A pesar de esta naturalidad, reconocen que también se han encontrado con alguna que otra diferencia cultural que, lejos de ser un problema, ante todo les ha divertido. Por ejemplo, para Karina, la dificultad de entender el humor andaluz. “Me sorprendo mucho con algunas frases y expresiones que oigo en España. El humor andaluz es muy difícil de pillar. Es muy directo y el inglés tira más de la ironía. A veces he llegado incluso a ofenderme un poco, pero porque no entiendo la broma o emplean una palabra que a lo mejor a mí me parece muy fuerte. Enseguida me explican y ya lo pillo”. En las discusiones, como cualquier otra pareja, también es complicado el entendimiento. “Ella se pone a hablar en inglés y me deja fuera de juego”, comenta José Antonio. Ambos bromean además con los nombres y apellidos de sus futuros hijos. “Él es muy tradicional para estas cosas. A José Antonio le gustaría llamar a alguno de nuestros hijos igual que él. A mí eso no me convence. Además, aquí lo típico es usar un apellido solo”. 

El próximo verano, en agosto de 2021, contraerán matrimonio. Un evento que esperan con ilusión y que celebrarán junto a toda la familia, la de un lado y otro de esta frontera. “Ya tenemos el lugar de la celebración, en Campamento. Hemos buscado un sitio lo más intermedio posible”, señalan. Los preparativos de la boda, precisamente, han sacado a flote otras diferencias. “Una boda española es muy diferente a una británica, que tira de muchos discursos y tiene otro protocolo, pero al final nos adaptamos y estamos buscando algo que nos guste a los dos”. 

Y es que, justamente, de esto se trata, de aprender a convivir con las diferencias y construir en lo que une que siempre es más que lo que separa. Al fin y al cabo, como cualquier otra pareja, independientemente de su nacionalidad, solo son dos personas que se quieren, que no es poco.

En esta simbiosis entre Gibraltar y la comarca existe otro tipo de relación que no debe pasar desapercibida: la laboral, de la que participan más de 10.000 trabajadores transfronterizos. Una cifra tras la que hay miles de nombres y apellidos, miles de rostros e historias. Como la de Inmaculada Díaz Almán (La Línea, 52 años) y José Luis Mesa Ruiz (La Línea, 53 años), un matrimonio español que desde hace 27 años cruza diariamente la Verja con Gibraltar para acudir a su puesto de trabajo. Hoy cuentan con su propio negocio en el Peñón.

De familia comerciante, dedicada al negocio de la alimentación, Pepe Mesa comenzó a trabajar en el mercado de abastos de Gibraltar en 1994, haciéndose cargo de una pequeña carnicería que gestionaba junto a su padre. Inma regentaba entonces su propio puesto de aceitunas y frutos secos. Ambos han trabajado en distintas compañías afincadas en el Peñón y vinculadas con el sector de la alimentación, como Fruit House, Almacenes Carson y Checkout Gibraltar.

“Somos emigrantes, aunque con la suerte de dormir cada noche en casa”

En 2005 decidieron emprender su propio camino y adquirieron un supermercado, Glacis Store, que desde el año 50 abastece a una populosa barriada de Gibraltar, Los Glacis. Allí, todos los días, levantan la persiana incansablemente, de lunes a sábado, mañana, tardes y muchas noches. Para sacar adelante su negocio cuentan además con un empleado español que lleva con ellos 10 años. En otros momentos más boyantes llegaron a contar con hasta siete empleados. 

Ahora mismo, aseguran, atraviesan unas circunstancias inciertas y delicadas, tanto económica como socialmente. En el plano económico, la feroz competencia de grandes supermercados y superficies se lo pone cada día más difícil. Algo en lo que la pandemia de coronavirus tampoco ayuda y, muy al contrario, hace mella en sus cuentas, como en la de tantísimos autónomos. “La actividad económica se ha parado. No hay turismo ninguno. No entra gente de fuera. Los bares y restaurantes no trabajan al cien por cien”, explica Pepe Mesa. 

Socialmente, cómo no, el Brexit lleva cuatro años amenazando con romper el status quo de esta zona. “No sabemos cómo va a salir todo esto. Si al final hay por ejemplo una subida de impuestos sobre las mercancías que pasen por la frontera, nos va a perjudicar a todos, a residentes y trabajadores. Los aranceles suben los precios para todos”. Lo cierto es que la incertidumbre que rodea a la salida del Reino Unido, y por tanto Gibraltar, de la Unión Europea ya ha afectado a estos miles de trabajadores transfronterizos, que desde 2016 han visto mermado su poder adquisitivo tras la caída paulatina del cambio de la libra. A pesar de los repetidos compromisos de los distintos Gobiernos por blindar los derechos de los ciudadanos a un lado y otro de la Verja, todavía “hay mucho pesimismo sobre lo que va a pasar a partir de enero. El paso fluido por la frontera, los derechos de tantos trabajadores, los permisos de conducción, los médicos. Estamos todos expectantes”, añade Inma.

“Si algunos de los que están en Madrid y Londres hubiesen nacido en esta comarca, los problemas de aquí se resolverían de otra manera. Los que deciden no conocen la idiosincrasia de esta zona, esta particular y singular relación entre estas dos poblaciones. Incluso uno que reside en Algeciras, San Roque y Los Barrios lo vive de manera distinta. Aquí en La Línea es que nacemos con ello. Yo por ejemplo tardo desde el centro de la ciudad el mismo tiempo en llegar a mi negocio en Gibraltar que a mi casa en La Línea”, comenta Pepe y recuerda otros tensos momentos como las colas de vehículos de hasta seis horas en los años 90 para entrar y salir de Gibraltar. “Eso es inhumano”.

Veintisiete años cruzando cada día una frontera y una pista de aeropuerto dan para mucho, para todo lo bueno y lo malo de esta particular situación. “Nosotros somos emigrantes, aunque con la suerte de dormir cada noche en casa. La pena es que no hemos podido trabajar en nuestro pueblo. Trabajando aquí en La Línea también nos levantaríamos un poco más tarde, la verdad”, bromea Pepe Mesa. Y es que el despertador de los transfronterizos suena muy temprano. “Aunque el verdadero problema de trabajar aquí en España es dónde, aquí dónde trabajamos”, claman con resignación.

En cuanto al futuro, Inma y Pepe esperan jubilarse en su tienda de Los Glacis y procurar en los próximos años algún tipo de plan de pensiones, aunque aseguran que ahora mismo las circunstancias económicas no son las mejoras para afrontar un gasto extra. La jubilación, precisamente, es un asunto que, como muchos transfronterizos, desconocen y les preocupa. “Nuestra jubilación se queda como la de un trabajador gibraltareño más. La diferencia es que ellos tienen además de esa paga muchas más ayudas para pagar las facturas, el community care, entre otras. La jubilación es baja pero los gastos de ellos son menos”, explica Pepe, que considera que las administraciones competentes deberían impulsar un fondo con las contribuciones de todos los trabajadores transfronterizos y que repercutiera luego a la hora de sus jubilaciones.

La seguridad social es otro asunto en el que los transfronterizos se declaran en desventaja. “Nosotros aportamos al desarrollo de la economía local de Gibraltar, al bienestar que esto supone para la población del Peñón y los que trabajamos allí, pero realmente no lo disfrutamos”. Luego hacen vida en España, en esta comarca, y se encuentran con trabas burocráticas como las necesarias para acudir al médico, teniendo que renovar anualmente una serie de documentos (el S1) para poder ser atendido, por ejemplo, en Urgencias. 

“Esto conlleva un jaleo de papeles y pérdida de tiempo. Es más fácil que alguien de fuera disfrute de la seguridad social antes que nosotros, que somos de aquí de La Línea”.

Sin embargo, a pesar y por encima de todas estas particularidades, y todavía algunas diferencias como las salariales, tal y como denuncian, una vez más prevalece el trato personal y cercano entre dos poblaciones vecinas. “Después de todos estos años, tenemos allí muy buenos amigos y con nuestros clientes hemos formado una gran familia. Ya hemos ido a más entierros en Gibraltar que aquí en La Línea. Hemos tenido niños que han venido con sus padres a la tienda y ahora son ellos ya adultos los que vienen con sus hijos. Llega la campaña de Navidad, que para 

nosotros es muy dura, y nos ofrecen sus casas para descansar y dormir y hasta te bajan una tartera con comida. Los gibraltareños son muy solidarios”, destaca este matrimonio español en Gibraltar. 

Recientemente se conmemoraron 50 años del cierre de la frontera con Gibraltar en 1969. Un hecho que marcó para siempre la historia de esta tierra singular y que ahora encara nuevos retos con una Verja en la que, ante todo, persisten las relaciones personales.

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