sábado, septiembre 24, 2022

La primitiva imagen de Nuestra Señora de La Palma y la Virgen de la Merced de Algeciras
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Por Antonio Torremocha Silva

El 28 de marzo del año 1344, Domingo de Ramos, después de veinte meses de enconado asedio, el rey de Castilla y León, Alfonso XI, entró triunfalmente en la ciudad de Algeciras acompañado de los ricos-hombres, caballeros cruzados, los almirantes de Castilla y Aragón, los relevantes eclesiásticos con sus mesnadas y las tropas que habían participado en tan resonante éxito militar.

Una de las primeras acciones que acometió el monarca cristiano, antes de pasar a residir en al alcázar de la ciudad —según refiere la crónica castellana—, fue acudir, seguido de todo su séquito de grandes personajes, a la mezquita mayor, que fundada seiscientos años antes por el emir Abderrahmán I, era considerada el primer oratorio musulmán erigido en suelo de la Península Ibérica. En una solemne ceremonia, el obispo de Cádiz, don Bartolomé, celebró el ritual de cristianización y consagración como iglesia del aquella famosa mezquita.

Los reyes cristianos, cuando emprendían una campaña en territorio musulmán, acostumbraban a llevar consigo una imagen de la Madre de Dios que entronizaban en la capilla que instalaban en su campamento. Alfonso XI no debió ignorar esa costumbre y cuando puso cerco a Algeciras —que duró desde agosto de 1342 hasta marzo de 1344— trasportó una imagen de la Virgen que fue la que entronizó en la mezquita mayor de la ciudad cuando fue convertida en templo cristiano y que puso bajo la advocación de Santa María de la Palma, por haber sido Domingo de Ramos —cuando recibieron a Jesucristo a su entrada en Jerusalén con palmas— el día en el que entró triunfalmente en Algeciras musulmana y se consagró la nueva iglesia.

En la aquella iglesia mayor de Algeciras, transformada en catedral el 30 de abril de 1344 por el papa Clemente VI, se veneró la sagrada imagen, traída por el rey de Castilla, durante veinticinco años. Sin embargo, desabastecida la ciudad a causa de la guerra civil entre petristas y trastamaristas, abandonados los proyectos re repoblación de la ciudad y con muy escaso número de defensores, pues muchos de los nuevos repobladores habían huido de Algeciras ante el peligro de un contraataque musulmán, en el verano del año 1369, muerto el rey don Pedro en Montiel a manos de su hermanastro Enrique de Trastámara, los granadinos aprovecharon el vacío de poder para atacar la ciudad que antes había sido una de las principales urbes del Islam andalusí. Muhammad V de Granada puso cerco a Algeciras y la tomó después de tres días de asedio. Los habitantes de la ciudad capitularon con la condición de que les dejaran abandonar la población con todas las pertenencias que pudieran llevar consigo. Y de esta manera retornó la estratégica ciudad del Estrecho a poder de los musulmanes.

En la Algeciras cristiana, además de la iglesia catedral se habían fundado dos conventos, uno de mercedarios en 1345 y otro de trinitarios. Es probable que los dos conventos se instalaran en sendas mezquitas de las existentes en la ciudad y que fueron donadas por el rey de Castilla a ambas congregaciones. Sabemos que la Orden de la Merced se instaló en una iglesia dedicada a San Hipólito, que, según la Gran Crónica de Alfonso XI, antes había sido una mezquita fundada por el sultán de Fez Abu Yusuf.

Una vez rendida la ciudad a Muhammad V, el Cabildo Catedralicio tuvo que abandonar Algeciras portando todos los objetos sagrados de la iglesia-catedral que pudo llevar consigo, dirigiéndose, según algunos autores, a Medina Sidonia con la esperanza de poder retornar pronto a la diócesis perdida. Agustín de Horozco (principios del siglo XVII) refiere que “después de rendirse la ciudad y habiéndose primero salido del pueblo grande (la Villa Vieja situada al norte de la ciudad) parte de los clérigos del cabildo de la catedral, sacando consigo los ornamentos, vasos y joyas que pudieron, viniéndose con ellos a Medina Sidonia y desde allí a esta su primera catedral de esta ciudad de Cádiz”.

Sin embargo, Fray Gerónimo de la Concepción (finales del siglo XVII) difiere de la versión de Horozco. En su obra Cádiz Ilustrada escribe lo que sigue: “En tiempo de este prelado (don Gonzalo González), y en ocasión que residía en la ciudad de Algeciras (no podemos olvidar que Algeciras era sede episcopal junto con la de Cádiz), vino sobre ella el Rey Moro de Granada y la tomó y asoló totalmente… Destruida Algeciras se llevó la imagen de Nuestra Señora de la Palma, que estaba en la Catedral de Algeciras, a la ciudad de Tarifa, y está colocada en una capilla de su Castillo…; y también un relicario de cristal, la pila bautismal y los libros de Solfa están allí, y se conservan en aquella iglesia como despojos de las Algeciras”.

A principios del siglo XX, don Emilio Santacana estuvo en Tarifa con el propósito de comprobar personalmente la veracidad de esta noticia recogida por Fray Gerónimo de la Concepción y vio una imagen de vara y tercia en alto, bastante antigua, y “desde luego —escribe el alcalde ilustrado— nos pareció que debió ser la auténtica imagen de Nuestra Señora de la Palma”.

En 1921, don Fernando Cañete de González, procurador de Algeciras, a instancia del Ayuntamiento de la ciudad y del cura párroco de la iglesia de Nª Sª de la Palma, solicitó al Obispo de Cádiz autorización para poder trasladar la mencionada imagen a Algeciras y entronizarla como verdadera patrona de la ciudad. Y aunque hubo informes técnicos que aseguraban ser una talla de la Virgen del siglo XIV, el asunto nunca llegó a buen fin. La Comisión Provincial de Monumentos Históricos, a través de su secretario el señor don Álvaro Picardo Gómez, emitió un informe en el que se decía que: “(la imagen) tiene los caracteres propios de una obra escultórica del promedio del siglo XIV, quedando por consiguiente corroborada y garantizada, por el fallo de los peritos de la técnica artística, la opinión del académico de la Real de la Historia designado para el informe”.

Otra de las hipótesis que se barajaron sobre el destino de la imagen de la Virgen que Alfonso XI entronizó en la iglesia-catedral de Algeciras en 1344, es que fue llevada por los frailes mercedarios, cuando tuvieron que abandonar la ciudad en 1369, al convento de Nuestra Señora de la Merced de Jerez de la Frontera. El notable historiador jerezano Hipólito Sancho de Sopranis, después de haber estudiado el Protocolo viejo de hacienda del antiguo Convento de Nuestra Señora de la Merced de Jerez, escribe lo que sigue: “Reza así el protocolo de hacienda del convento de este capítulo, mezclando lo legendario que nace con lo histórico que aún se conserva incólume en lo sustancial: Esta Santa Imagen según tradición de los antiguos viejos de esta casa conventual, fue hallada en las Algeciras después de la recuperación de España… Hallóla un pastor que la trajo hasta Jerez…”

Para Juan de la Lastra Terry, la procedencia del Convento Mercedario algecireño de la imagen que luego sería patrona de Jerez, no ofrece dudas. Escribe este autor que “existía una modesta encomienda en Jerez, no sabemos desde cuándo. Desde luego después de 1317 y antes de 1365, en que su prelado recogía las limosnas de la redención… En ella se refugiaron por el momento los conventuales de Algeciras (en 1369), que trajeron consigo su mejor tesoro, la imagen de la Virgen, morena, al estilo de algunas de las más veneradas de aquel tiempo”.

En conclusión se puede decir que las dos imágenes marianas más veneradas de la Algeciras medieval, Santa María de la Palma, que presidía al altar mayor de la iglesia-catedral, y la Virgen de la Merced que se hallaba en la iglesia del convento mercedario fundado en 1345, la primera fue llevada a Tarifa, a la espera de poder volver a su iglesia algecireña, o a Medina Sidonia, y la segunda viajó con los mercedarios del convento de Algeciras a Jerez de la Frontera donde hoy se halla presidiendo la iglesia conventual como patrona de Jerez.

Algeciras, 4 de agosto de 2022.

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