miércoles, diciembre 7, 2022

El impulso del comercio y su especialización, claves para el resurgir del Barrio de la Caridad
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Los comerciantes de El Barrio de la Caridad llevan desde hace dos décadas intentando sobrevivir. Por fin, el Ayuntamiento de Algeciras ha puesto sus ojos en el centro bajo para intentar revitalizarlo y para ello ha logrado la concesión de 15 millones de euros en ayudas de Estrategias de Desarrollo Urbano Sostenible e Integrado (Edusi), cofinanciadas con fondos Feder de la Unión Europea (UE).

Pero, ¿realmente se está avanzando? El cierre de Mérida, en 1998, y la caída del boom del cuero marcan el descenso de la actividad comercial del barrio y su posterior desertización. Pocos comercios de aquella época quedan abiertos y los que aún permanecen en activo son auténticos supervivientes. Sus dueños, algunos de segunda generación familiar, coinciden en señalar el fomento de más actividad comercial y la especialización como claves para la recuperación de una zona que antaño fue el centro neurálgico de Algeciras.

Impulso al comercio

Comenzamos nuestro paseo por el Barrio de La Caridad en la plaza Juan de Lima. Allí, Juan Carlos Ordóñez lleva años percibiendo la caída del barrio. «La solución pasa porque se abran más comercios», sentencia desde su mostrador de Alpargatería Ordóñez, el más veterano de la zona con 83 años de historia. «Falta aparcamiento y el alquiler de los locales es muy elevado. Los comercios y la restauración es lo único que le puede devolver vida a la zona», asegura. Sin embargo, reconoce los esfuerzos por adecentar el centro bajo con el arreglo de la fachada de la iglesia de La Caridad, la instalación de cámaras de vigilancia y el arreglo de las calles.

Avanzamos por la calle Tarifa hasta toparnos con el primer comercio que encontramos abierto. Tras el Bar La Casita está Lanas Stop, una tienda especializada en lanas y en trajes de comunión o flamenca, según la temporada. Anabel Rondán coincide en que el aumento de la actividad comercial es lo único que puede revitalizar la zona. «La calle Tarifa era el pulmón de Algeciras, los clientes que vienen siempre nos dicen lo mismo: qué pena de calle», explica.

Rondán cree que la clave por la que este negocio ha sobrevivido está en la especialización. «Los clientes no pasan por aquí y entran. Vienen buscándonos», afirma. Coincide con Ordóñez en el alto precio de los alquileres y los elevados impuestos a los que el comercio tradicional tiene que hacer frente como frenos a la hora de que abran nuevos negocios.

Para los que aún sobreviven en la calle Tarifa, la noticia de la apertura de una oficina de Correos en la calle ha sido muy positiva porque entienden que atraerá a ciudadanos, pero su puesta en marcha parece que no llega, ya que la licitación para la reforma del local ha quedado desierta. Otra propuesta es trasladar dependencias municipales a la zona baja, lo que obligaría a todo aquel que tenga que hacer un trámite administrativo a trasladarse a la Villa Vieja.

Imagen de la calle Tarifa.

Tras abandonar la calle Tarifa, nos adentramos en la calle Castelar. El ambiente es bastante distinto: casi todos los locales están abiertos y las terrazas de las cafeterías llenas a media mañana.

Isabel Santander regenta la tienda de telas El Kilo desde hace 32 años. Santander también apuesta por la especialización de los negocios de la zona y es contraria a que la falta de aparcamiento sea clave para que el ciudadano no acuda al centro. «No es un problema de aparcamiento, cuando tienes que comprar algo en concreto y sabes que se vende en esta calle, vienes», asegura y añade que el consumidor ha cambiado sus hábitos de compra, una circunstancia que no es exclusiva de Algeciras.

«El centro bajo nunca volverá a ser lo que era, aunque esto no quiere decir que sea algo malo. Remontará pero de otra forma, quizá con el auge de la restauración y la apuesta de los artistas por el Barrio de La Caridad. La calle Castelar es un claro ejemplo, está remontando muy bien», indica.

Una opinión que comparte Alejandro Ríos, encargado del Bar Contratiempo, también en Calle Castelar. «Ahora mismo creo que hay más negocios abiertos aquí que en la calle Ancha», apunta. Cierto es que quedan pocos locales vacíos en la conocida popularmente como calle Panadería, de hecho próximamente se inaugurará un nuevo negocio en la calle y comerciantes de la zona apuntan a que el restaurante Montes ha sido adquirido por un empresario de la restauración.

El Bar Contratiempo cumple cuatro años en calle Castelar con un balance muy positivo, clientela fiel y buen ambiente el fin de semana.

Abandonamos la calle Castelar para enfilar Juan Morrison, donde el pasado mes de mayo abrió sus puertas Taracea, una tienda especializada en material de bellas artes. Su dueño, José Antonio Benítez explica que «nos encontramos en una ubicación bastante óptima, junto al museo y a los talleres de artistas como Cristina Harillo y Manuela Puertas».

Ya en calle Prim, donde hay multitud de locales cerrados, permanece desde 1998 Ojeda Lencería. Su dueño, ya jubilado, es un veterano dependiente que trabajó en las desaparecidas Galerías Villanueva y abrió su propio comercio tras el cierre de la firma. Ahora el negocio familiar está en manos de su hija, Mari Luz Ojeda, quien considera que se ha producido un efecto dominó de caída de la actividad comercial desde la calle Tarifa hacia arriba.

Facilidades administrativas

Los comerciantes que permanecen en el Barrio de la Caridad son unánimes a la hora de reclamar más facilidades administrativas e impuestos más bajos para incentivar la tan ansiada actividad comercial.

«Pagamos muchos impuestos y para abrir un local te ponen mil trabas e impedimentos». Es la opinión de Juan Perea, dueño de la boutique Pirámide, otro referente de la zona. «Pagamos un dineral por una basura que la mayoría ni generamos y llevamos abonando al Ayuntamiento una cantidad anual por los rótulos de la fachada desde hace 30 años», lamentan desde Ojeda Lencería.

Coinciden los propietarios de estos comercios tradicionales en los altos alquileres que se cotizan aún en el Barrio de la Caridad.

Un local se alquila en la calle Prim.

A este respecto, Tarik Younssi de la Inmobiliaria Mundo Casa situada en plena calle Castelar detalla que un local en la zona de 130 metros cuadrados se está ofertando por 900 euros de alquiler, mientras que uno de 50 metros cuadrados por 350 euros. Sin embargo, «nadie pregunta por ellos», aunque desvela que si está teniendo demanda en la renta de viviendas en el centro bajo, cuyos precios oscilan entre los 450 y 500 euros.

Seguridad

Los comerciantes del centro bajo de la ciudad coinciden en señalar el Barrio de la Caridad como una zona segura. Es cierto que durante la mañana hay más trasiego de ciudadanos por la actividad de la plaza de abastos, una afluencia que cae en picado por la tarde-noche.

«Yo invito a la gente a que baje al barrio y lo conozca. Hay muy mal concepto porque no se conoce, aquí vivimos muchos trabajadores y buena gente y no hay problemas serios», dice Alejandro Ríos, quien además de trabajar en Contratiempo vive en la calle Castelar.

«En más de 30 años nunca he tenido un susto, te pueden robar antes en el mercadillo», sentencia la dueña de El Kilo. Tampoco se siente insegura la dependienta de Lanas Stop.

Para el propietario de Alpargatería Ordóñez, la patrulla de la Policía Local pasa constantemente por la zona y con la instalación de las cámaras vamos a ganar en seguridad.

Futuro

Según la opinión de los que llevan décadas resistiendo en el Barrio de La Caridad y los que han apostado recientemente por esta zona de Algeciras, el auge de la actividad comercial y la especialización de los negocios es el camino para el resurgir del barrio.

La apuesta de empresarios de la restauración y de artistas algecireños por el centro bajo de la ciudad da esperanzas sobre una posible reconversión de la actividad. Además, es importante destacar las sinergias que se van creando entre los comerciantes. Por ejemplo: puedes ir a clases de pintura al estudio de Cristina Harillo, comprar tus materiales en Taracea y tomarte un café a la salida en Contratiempo.

Conscientes de la dificultad de competir con franquicias, centros comerciales y la compra online, apuestan por recuperar al cliente del Barrio de la Caridad con el trato cercano, productos y actividades específicas que obliguen al consumidor a acudir a esta zona de Algeciras que aún no ha dicho su última palabra.

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