Algeciras, imagen del día

Fiscalía y acusación particular piden 15 años de cárcel para el piloto de la lancha que mató a un niño en Getares en 2018


El juicio por la muerte del niño Manuel M.R. por el abordaje de una lancha semirrígida a la embarcación de recreo en la que se encontraba junto a su padre y un amigo de este en mayo de 2018 en las aguas de Getares ha comenzado este lunes, 4 de abril, en la Sección de Algeciras de la Audiencia Provincial. El juicio, para el que se ha constituido un jurado popular, durará hasta el viernes y ha arrancado con fuerte presencia policial. Lo que se decidirá en este procedimiento es si P. M. B. F, el único acusado, cometió un delito de homicidio doloso, tal y como solicita el Ministerio Fiscal y la familia del menor fallecido, que piden 15 años de prisión, o si incurrió en un homicidio imprudente, tal y como defiende el abogado de la defensa, lo que podría rebajar la pena en un arco de entre dos y medio a cinco años de cárcel.

La Audiencia Provincial en Algeciras ha contado con un fuerte despliegue de la Policía Nacional. No han faltado momentos de tensión y de claras muestras de dolor y de rabia. Los hechos que se enjuician tuvieron lugar hace casi cuatro años, el 14 de mayo de 2018 en la playa de Getares. Una tarde de pesca acabó en tragedia cuando una lancha semirrígida de unos siete de eslora -largo- por casi tres de manga -ancho- y con un motor 300 caballos cruzó por mitad de un barco de recreo de unos cuatro metros de eslora provocándole la muerte al instante a un niño de 9 años por «shock traumático por atropello náutico».

El escrito de la Fiscalía recoge además que el piloto de la embarcación dio positivo en el control de alcoholemia y no contaba con la titulación exigida. Este texto expone que el acusado, anteriormente al accidente, «navegó durante una hora a gran velocidad, muy superior a la permitida, ejecutando maniobras peligrosas». Hechos estos que fueron recriminados por bañistas y los tripulantes de otras embarcaciones, sin que el piloto de la embarcación desistiera de esa actitud hasta que, durante una maniobra, sobre las 17:00 horas, «el acusado en su irresponsable proceder, de forma enérgica y agresiva activó la palanca de aceleración de la embarcación que pilotaba perdiendo el control de la misma; esto originó que arrollara la parte central de la embarcación de recreo donde se encontraba el menor, pasando aquella por encima de su cuerpo, lo que le provoco el fallecimiento en el acto a causa de un shock traumático por atropello náutico, momento en el que el acusado intentó huir del lugar no consiguiendo su propósito».

El abogado que defiende los intereses de la familia del menor finado ve claros indicios de «exceso de velocidad», «pilotaje temerario» y «desprecio a la vida» en las acciones del acusado en aquella tarde de 14 de mayo de 2018. Durante un momento de su primera intervención usó la palabra «narcolancha» para referirse a la embarcación semirrígida que provocó el siniestro mortal, algo que la jueza titular reprobó explicando, dirigiéndose también a los miembros del jurado, que en ese juicio no se estaba juzgando la posible actividad delictiva relacionada con el tráfico de estupefacientes. «No hubo intencionalidad, no conocía al menor, pero no es un accidente fortuito; llevaba una hora haciendo maniobras sumamente temeraria y con actitud chulescas, a pesar de las advertencias», continuó el letrado de la acusación particular, que señaló que la lancha navegaba a unos 50 nudos entre bañistas. Habló también de «una familia destrozada», por la muerte de su hijo, que «se ha trasladado a vivir en el cementerio».

Con todo esto, el Ministerio Fiscal y la acusación particular reclaman la misma pena para el acusado: 15 años de prisión, y una indemnización de 120.000 euros a cada uno de los padres y 20.000 euros a cada uno de los dos hermanos del menor tristemente fallecido. Además, la familia solicita una orden de alejamiento de 800 metros y la comunicación por otra vía durante 25 años.

El abogado de la defensa -que no es el mismo que redactó el escrito de defensa en un primer momento- negó los hechos relatados por la fiscal y consideró que lo ocurrido fue un «accidente», que no hubo «desprecio a la vida humana» y que fue un hecho «fortuito». Dejó claro que no solicita la absolución de su defendido sino «una consideración delictiva más leve: homicidio imprudente frente a homicidio doloso». Para el abogado defensor, así lo explicó al jurado popular, hay dos sucesiones a diferenciar: una las maniobras peligrosas previas y otras cuando se produce el fallecimiento, momento en el que las dos embarcaciones estaban situadas juntas, en paralelo. Tanto el abogado como el acusado hicieron hincapié en que la semirrígida, parada junto al barco de recreo en el que se encontraba la víctima, arrancó «con mucha potencia» cuando el piloto dio «accidentalmente» a la palanca al intentar montarse en el «potro» de pilotaje.

Un furgón de la Policía Nacional, a las puertas de la Audiencia Provincial.

Versiones del acusado y su acompañante

El acusado defendió esta postura durante su intervención, relató los hechos iniciando su relato cuando le llamaron para recoger una embarcación de su propiedad junto a otra persona que responde a las iniciales de A.C. «Le metí fuerte a la embarcación», explicó el acusado que lo hizo a modo de «prueba» durante el rato que estuvo dando vueltas en una playa de Getares que, indicó, «no estaba balizada», y en la que «no había bañistas» y tampoco embarcaciones, e insistió que en ningún momento escuchó las advertencias de terceros. Relató que solo se dobló durante uno de los giros que estaba realizando pero que no llegó a caerse y que, más tarde, se acercó al barco de recreo para pedir fuego. En el momento del accidente, se defendió, «le di con la rodilla al joystick cuando intenté montarme en el potro y salió la embarcación lanzada» contra el otro barco, tras lo que, aseguró en su intervención y ante la pregunta de la fiscal, se quedó «traumatizado». «No hay que mezclar como yo iba y como estaba la embarcación cuando ocurrió lo del niño», aseveró ante las preguntas de la acusación particular. Negó también que intentara huir del lugar de los hechos.

El padre del menor M.M.R., que debía declarar como testigo, entró con una camiseta en la que se leía «Todos somos Manuel» y se rompió antes de comenzar a responder las preguntas, por lo que la jueza decidió aplazar su intervención. Tras un breve descanso se retomó la vista con la declaración de A.C., que acompañaba aquella fatídica tarde al acusado en la semirrígida. «Me llamaron para sacarlo porque yo tenía la titulación PNB (Patrón de Navegación Básica)». Durante su relato de qué ocurrió aquel 14 de mayo de 2018 aseguró que advirtió al piloto y actualmente acusado de que iba a «liar un taco» cuando este «en un giro se cayó». El testigo declaró además que estaba hablando por WhatsApp con su mujer en el momento en el que se produjo el abordaje mortal. «Noté que se puso para arriba», dijo. A las preguntas de los letrados y la fiscal declaró que recuerda que la semirrígida salió con «una marcha fuerte» tras ser activado con la mano por el piloto, que se encontraba en ese momento sentado delante de él, y «para pegarse el vacile». Tras pasar su semirrígida «de banda a banda» del barco de recreo, según A.C., el piloto dijo «quillo, vámonos que nos tenemos que ir, que el niño está bien», a lo que el testigo aseguró que le quitó las llaves y con estas se fue a tierra subido en una moto de agua.

«Llevamos cuatro años en el cementerio»

El padre del menor fallecido pudo hacer al fin responder a las preguntas de los miembros de la sala. «Vimos a una goma que no dejaba de hacer piruetas, de hacer el chalado. Se nos acercó a pedir fuego, pero le dijimos que no tenía y le pedimos por favor que dejara de hacer el chalado que teníamos un niño a bordo», comentó M.M.R. esto en varias ocasiones, y aseguró que el piloto de la lancha fue regañado por ellos en varias ocasiones y por otras personas presentes ante «el exceso de velocidad» y las maniobras que realizaba. Calculó que en esa zona del mar debería ir a cuatro nudos y que en ese momento navegaba a unos 40-50. «Es como si un Ferrari pasa varias veces por la puerta de un colegio a 180 kilómetros por hora. Perdieron el control», ejemplificó. Del momento fatídico recuerda -«en la vida se me va a olvidar ese gesto», comentó- que el piloto de la semirrígida tenía en una mano un teléfono azul y en la otra la palanca con la que aceleró antes de que la semirrígida saliera disparada contra su barco y el cuerpo de su hijo. «Después empecé a gritar ‘por favor mi niño, mi niño’, pero no hubo auxilio», relató. El padre de Manuel asegura que su familia y él llevan «cuatro años en el cementerio».

El juicio continuará hasta el próximo viernes en la sede de Algeciras de la Audiencia Provincial, en una sala por la que pasarán otros testigos, miembros de las autoridades y peritos para intentar determinar si lo ocurrido en el fatídico 14 de mayo de 2018 fue un accidente fortuito propio de un homicidio imprudente o un homicidio doloso tal y como reclama la Fiscalía y la acusación particular.