La algecireña Irene Moreno busca donante de médula. A través de un vídeo que ha compartido a través de sus redes sociales, la joven cuenta al mundo su historia con la leucemia aguda mixta. "Cumples 30 años y de pronto, todo cambia. Llega un diagnóstico: leucemia. Empiezan los ingresos, los tratamientos, los aislamientos, la incertidumbre, el miedo, un camino que jamás imaginaste tener que transitar", explica la algecireña en el vídeo.
Irene Moreno ha querido compartir en exclusiva con 8Directo su historia con la enfermedad, desde ese primer diagnóstico en marzo de 2026 hasta su búsqueda de un donante que le permita "quitar la pausa a todas mis metas y planes para retomarlos con mucha más fuerza". La algecireña abre su corazón en un texto lleno de emociones y coraje.
"De pronto leucemia…
Mi nombre es Irene, tengo 30 años y, aunque soy algecireña, estuve muchos años fuera de casa. Estudié pedagogía en Madrid, y tras 9 años dedicándome a trabajar con menores con dificultades del aprendizaje y discapacidad me volví a la tierra que me vio nacer para empezar a trabajar como orientadora laboral, un nuevo reto que disfruté muchísimo y en el que conocí a personas tan maravillosas que solo espero que siempre formen parte de mi vida.
Volver a casa fue un soplo de aire fresco, justo lo que necesitaba para conectar conmigo: tenía a mi familia cerca, tiempo para salir con mis amigas y amigos, para hacer ganchillo, aprender a coser, leer y hacer deporte. Sí, deporte, quien me conozca desde hace tiempo sabe que yo era la que se inventaba que estaba mala para no correr en Educación Física, pero cuando cambié la jungla de cemento de Madrid por los cielos despejados de mi querida Andalucía empecé CrossFit y ya no pude soltarlo.
El diagnóstico llegó como un jarro de agua fría, de forma inesperada y sin venirme bien (aunque supongo que nunca es un buen momento para esto). Si bien es cierto que yo llevaba meses haciéndome analíticas de seguimiento porque las defensas estaban un poco más bajas cada vez, no era nada preocupante y aunque yo me encontraba cansada podía hacer mi vida con total normalidad.
En el puente de Andalucía me fui a disfrutar con unos amigos a una casa rural y al volver me di cuenta que estaba resfriada, nada importante: un poco de mocos, dolor de cabeza y febrícula.
Siempre he sido bastante dura, más de una vez se han referido a mí como TODOTERRENO, así que os podéis imaginar que “el resfriado” no me paró: fui a trabajar, quedé con amigos y, por supuesto, fui a entrenar. Ese fin de semana en mi box habían organizado una competición por parejas a la que tenía muchas ganas de ir y para la que me había estado preparando las últimas semanas, simplemente por el placer de compartir ese momento con mis compis y poder echarnos unas risas. Me subió la fiebre justo el viernes antes de la competición. La fiebre no bajaba de 39 y yo no podía encontrarme peor. Terminé yendo al Centro de Salud que me mandó a casa con un antibiótico de amplio espectro. La fiebre no bajó y el lunes 9 de marzo acabamos en las urgencias del hospital Punta Europa, aconsejados por mi cuñado, que es médico y al que no le estaban gustando mis síntomas.
Discutí con mi madre, yo no quería estar allí porque yo lo que tenía era “un virus tonto”. Cuando me hicieron las analíticas fue todo demasiado rápido. Me llamaron para decirme que tenía las defensas demasiado bajas. No sabían dónde estaba el foco de infección pero me tenían que dejar ingresada en aislamiento.
Aislamiento, la primera vez que tendría que vivirlo pero no la última. Fue una semana de analíticas, muchos antibióticos, la primera vez que me harían un aspirado medular y mucha pero que mucha incertidumbre. No tenía permitidas las visitas, solo pudieron venir a verme mis padres y una amiga enfermera, siempre con mascarilla y guantes. Mi madre estuvo una semana en el hospital durmiendo con mascarilla.
El viernes 13 de marzo llegó el diagnóstico: Leucemia aguda. Y con él, un aluvión de información para la que nadie en mi familia estaba preparada. Nos derivaban al Hospital Universitario de Jerez, ya estaba pedida la ambulancia y me tenían una habitación preparada para ingresar.
Al llegar a Jerez me aislaron mientras me ponían la quimio porque mis defensas se quedaron a cero, también llegó el diagnóstico completo y los pasos que íbamos a dar.
Durante el aislamiento mi madre podía estar conmigo en la habitación, pero esta vez sin mascarilla y con una cama en la que poder dormir un poco mejor. Un mes estuvimos las dos juntas, compartiendo una habitación, hasta que mis defensas empezaron a subir, sobreviviendo a base de vídeos de zumba, videollamadas, mensajes, manualidades, libros y el calor del equipo de enfermería.
No ha pasado tanto tiempo, pero siento que hay siglos de por medio.
Cuando volví a casa el miedo, que había venido a visitarme mi primer día de ingreso, me comentó que iba a quedarse de forma indefinida y yo no he tenido más remedio que aceptarlo, darle su lugar y echarlo a un lado cuando toca.
Algo interesante que sucede cuando perdemos la salud es que las prioridades se reorganizan y el mundo lo empezamos a ver de otra manera, aprendemos a disfrutar de cosas tan pequeñas como poder tomar el sol, que te caiga el agüita en la ducha o dar un abrazo largo a alguien a quien quieres.
Casi se me olvida deciros el diagnóstico completo: tengo leucemia aguda mixta y necesito un trasplante de médula para poder seguir. Mis hermanos no son compatibles, de hecho es lo que suele pasar: solo en el 25% de los casos hay un familiar compatible, es decir 3 de cada 4 personas necesitaremos un donante anónimo. Hacerte donante es muy fácil, indoloro y puedes darle la oportunidad a alguien de seguir abrazando a los suyos, seguir estudiando, seguir disfrutando, seguir viviendo.
Aún me quedan meses por delante de tratamiento, de ingresos, de antibióticos y, por qué no decirlo, de mucho miedo, pero se que encontrarán a mi donante compatible y podré quitar la pausa a todas mis metas y mis planes para retomarlos con mucha más fuerza.
Mi historia es la historia de muchas personas y tú puedes formar parte de ella haciéndote donante de sangre, plaquetas y médula, porque hacerte donante es donar esperanza y vida".
Cómo ayudar a Irene
Para ayudar a Irene y a otros pacientes de leucemia, puede donar médula osea si tienes entre 18 y 40 años. Debe inscribirse en el registro de donantes a través de centros de transfusión, hospitales o campañas oficiales del REDMO y la Fundación Josep Carreras. Desde allí, le toman una muestra para estudiar su compatibilidad genética.
Además, se necesita de forma constante donación de sangre.
"Solo en el 25% de los casos los hermanos son compatibles para donar médula. Por eso, la mayoría de pacientes necesitan encontrar un donante anónimo fuera de su familia", explica la algecireña en el vídeo publicado en sus redes sociales. "El 90% de las donaciones de médula se realizan con un proceso similar a una donación de sangre: sencillo, seguro y mucho menos invasivo de lo que se cree", ha añadido la joven.