Ser un aficionado al fútbol en el Santiago Bernabéu de finales de los ochenta era una cosa impresionante porque en ese mismo campo veías jugar a un montón de figuras increíbles. Estamos hablando de la época de la Quinta del Buitre, ese Madrid que consiguió cinco Ligas seguidas y donde destacar necesitaba talento y una fortaleza mental muy grande.
En medio de tantas historias, apareció un interior derecho llamado Adolfo Aldana, que nació en San Roque. Los aficionados más jóvenes y los que ya tenemos unos años recordamos los logros de Aldana porque no eran cualquier cosa. Desde esa zancada suya tan elegante hasta aquel golazo que le metió al Barcelona en la temporada 90/91, el sanroqueño mostró que tenía nivel de sobra para triunfar en la élite.
Los años en el Madrid
Aldana pasó cinco temporadas en el primer equipo del Real Madrid, entre 1987 y 1992, y en ese tiempo juntó tres Ligas, una Copa del Rey y tres Supercopas de España. Pero su papel nunca fue el de titular indiscutible porque el dueño del puesto de interior derecho era Míchel, un futbolista con muchísimo peso en el vestuario y en el campo.
La cosa se complicó luego con la llegada de John Toshack al banquillo, un entrenador galés con carácter fuerte que mantuvo con Aldana una relación cuanto menos extraña. Por un lado, Toshack le criticaba en público diciendo que no rendía al nivel esperado. Pero por otro lado, cada vez que el jugador pedía salir del club para buscar minutos en otro equipo, el técnico se negaba en redondo a dejarle marchar.
Con el tiempo, el propio jugador ha reflexionado sobre esa etapa y reconoce que quizás habría sido mejor para su carrera haber cambiado de aires con 24 años, cuando ya llevaba tres temporadas en el primer equipo y veía que su papel no iba a cambiar.
Al Real Deportivo de La Coruña
En 1992, Aldana tenía varias ofertas sobre la mesa. El Sevilla, el Tenerife y el Atlético de Madrid, entonces presidido por Jesús Gil, querían ficharlo y su futuro parecía alejado de Galicia. Pero un consejo dentro del vestuario del Madrid lo cambió todo.
Ricardo Rocha, defensa brasileño del Madrid, estaba al corriente de los movimientos que el presidente del Deportivo, Lendoiro, preparaba en A Coruña. El club había anunciado los fichajes de Bebeto y Mauro Silva, dos estrellas mundiales, y Rocha convenció a Aldana de que el Dépor, un equipo que acababa de ascender a Primera, iba a pelear por cosas importantes. Aldana hizo caso a su compañero, cambió Madrid por A Coruña y acertó de lleno porque en el Dépor ayudó a ganar una Copa del Rey y una Supercopa, los primeros títulos oficiales en la historia del club.
El sueño del Mundial truncado por una lesión
Aldana debutó con la selección española en febrero de 1993 en un partido contra Lituania en Sevilla, con Javier Clemente en el banquillo, y esa noche redondeó la goleada con un gol que confirmaba el gran momento que atravesaba en el Deportivo. Se convirtió en un fijo en la clasificación para el Mundial de Estados Unidos de 1994, pero el destino le tenía reservada una mala noticia.
En su segunda temporada en el Dépor, antes de que siquiera las apuestas al Mundial se calentaran, el jugador sufrió una grave lesión de rodilla con rotura de ligamentos, de esas que te llevan al quirófano y te hacen pasar meses de rehabilitación. Esa lesión no solo le apartó de los terrenos de juego durante mucho tiempo, sino que le impidió cumplir el sueño de acudir a un Mundial.
El legado en Sotogrande
Cuando Aldana se retiró en 1999 tras jugar en el Espanyol y en el Mérida, no dejó el fútbol de lado. Es profesor de Educación Física y ahora es el seleccionador andaluz absoluto, pero lo que realmente le apasiona es el campus de fútbol que lleva dirigiendo en Sotogrande desde hace 22 años.
Su forma de enseñar evita los ejercicios físicos que no tienen sentido y se enfoca en la parte táctica y en cómo tomar decisiones. Los jóvenes que van al campus aprenden a pensar antes de tocar el balón, a leer el partido. Para eso cuenta con exjugadores como Donato y Antonio Notario, que aportan la experiencia de haber jugado al máximo nivel.
Adolfo Aldana fue el representante de una comarca entera en la selección española. Tanto entonces como ahora en su campus, su juego se basa en una idea que hoy parece casi olvidada, que es pensar antes de tocar el balón, esa pausa que te permite elegir bien en lugar de salir corriendo. Eso fue sin dudas lo que le permitió hacerse de una carrera como pocas.