Castellar alberga una de las colonias de mariposas monarca más importantes de España. Esto ha provocado la atención de la universidad para el estudio de su permanencia en este hábitat; y en una reciente visita un grupo de científicos informaron que estudiaban incorporar una nueva especie botánica para favorecer la libación de la mariposa.
El misterio de su reproducción en este marco natural radica en la presencia de una planta que alimenta a sus orugas, desechada por los herbívoros por su toxicidad. Para continuar estudiando el comportamiento de los lepidópteros americanos en tierras chisparreras, ahora intentarán alimentar a las madres.

La mariposa monarca (danaus plexippus), que mide aproximadamente diez centímetros, pesa menos de un gramo y tiene colores vistosos. Es probablemente una de las mariposas mejor estudiadas del mundo. Cada año realiza migraciones desde Estados Unidos hasta México, donde pasa el invierno, para retornar en la primavera siguiente hacia el Norte, en un viaje en el que va depositando sus huevos sobre distintas especies de asclepiadáceas, plantas que contienen compuestos tóxicos para el ganado y otros muchos herbívoros. Según explica la Fundación Migres, las orugas consumen ávidamente estas plantas, incorporando los tóxicos a sus propios tejidos, lo que les sirve como defensa ante sus depredadores y para transmitir este compuesto a las mariposas que emergen de sus crisálidas. Las mariposas monarcas también alcanzan en sus migraciones el otro lado del Atlántico siguiendo patrones de vuelo heredados y basados en una mezcla de ritmos biológicos y la posición del sol en el cielo.
Es probablemente una de las mariposas mejor estudiadas del mundo. Cada año realiza migraciones desde Estados Unidos hasta México, donde pasa el invierno, para retornar en la primavera siguiente hacia el Norte
Además de alcanzar lugares como Canarias, Azores, Madeira y Cádiz, las mariposas monarcas han llegado en repetidas ocasiones al Reino Unido, especialmente en fechas que coinciden con episodios de viento fuerte de poniente y la presencia de especies exóticas de aves arrastradas por el viento. Pero en el Reino Unido la mariposa no encuentra las plantas donde poder reproducirse y el clima es demasiado frío para completar su ciclo biológico. Al contrario de lo que ocurre en territorios como Cádiz, donde desde hace años se vienen avistando esporádicamente ejemplares, mariposas consideradas como “divagantes” que han atravesado el Atlántico arrastrados por el viento. El estudio, liderado por los profesores de Ecología de la Universidad de Córdoba Juan Fernández Haeger y Diego Jordano Barbudo, señala los enclaves donde la mariposa monarca podría, además de aparecer, completar su ciclo biológico.
Los científicos han trabajado en una zona de 900 kilómetros cuadrados en la franja litoral próxima al Estrecho de Gibraltar y han demostrado la presencia persistente de las mariposas, sus huevos, orugas o crisálidas, en dos tercios de los rodales existentes
Así han cartografiado lugares en los que crece su alimento, la mata de la seda (Gomphocarpus fruticosus, introducida en el siglo XVIII desde Africa), y la adelfilla (Asclepias curassavica, que debió introducirse en España desde América central durante el siglo XVI), dos especies que el ganado evita por su toxicidad. Para conseguir esto resultados los científicos han trabajado en una zona de 900 kilómetros cuadrados en la franja litoral próxima al Estrecho de Gibraltar y han demostrado la presencia persistente de las mariposas, sus huevos, orugas o crisálidas, en dos tercios de los rodales existentes.
Por eso motivo, los investigadores destacan la necesidad de proteger estos llamativos insectos, conociendo más profundamente las condiciones de su ciclo biológico y las de las plantas en las que sustentan su vida, de la que se puede disfrutar especialmente en los meses de agosto y septiembre, cuando son más abundantes.