En noviembre de 2007, el último cine que seguía en funcionamiento en La Línea de la Concepción cerró sus puertas de forma definitiva. Las salas ubicadas en la galería comercial Gran Sur, que llegaron a contar con seis espacios de proyección, echaron el cierre y pusieron fin a una etapa que muchos linenses todavía recuerdan con nostalgia.
Desde entonces, han pasado casi 20 años sin que el municipio cuente con una oferta cinematográfica estable, dejando una pregunta que sigue repitiéndose entre generaciones de linenses: ¿cuándo volverá La Línea a tener un cine?
La ausencia de cines contrasta con el pasado cultural del municipio. Tiempo atrás, los vecinos de La Línea llegaron a disfrutar de hasta catorce instalaciones cinematográficas, que vivieron su época dorada durante la segunda mitad de los años cincuenta, cuando la ciudad se consolidó como un referente cultural no solo en la comarca, sino también más allá de su entorno más cercano.
Entre aquellos espacios que marcaron la vida cultural de La Línea destacó el Teatro del Parque, inaugurado en 1896 en la calle Carboneros, con una gran capacidad y escenario para zarzuela, ópera y teatro, además de ser el lugar donde se proyectó por primera vez cine sonoro en la ciudad. También formaron parte de esa primera etapa el Cine 4 Ojos, ubicado en la Plaza Fariñas y conocido así porque su propietario llevaba gafas; el Teatro Cómico, en la calle Real, inaugurado en 1907 y convertido durante décadas en uno de los grandes referentes escénicos del municipio; y el Salón de Verano, situado entre las calles Teatro y San Pablo, un barracón de madera que comenzó funcionando en feria y acabó ofreciendo actividad de forma continuada.
Imagen del Imperial Cinema tras su cierre.
A ellos se sumaron otros espacios como el Salón Pascualini, en la calle Clavel, comprado y restaurado por Francisco Villar en memoria de su hijo Pascual; el Salón Victoria, primero instalado en el Parque de la Victoria y trasladado después a la calle Oviedo; el Cine El Chorro, en la calle Jardines, llamado así por las aglomeraciones de público que se formaban en las calles cercanas; y el Cine “X”, en Padre Perpén, que comenzó como cine mudo con orquesta en directo y más tarde pasó a funcionar como teatro de variedades.
Ya en los años veinte y treinta aparecieron salas como el Salón Teatro Amaya, construido en 1928 por Ramón Amaya y muy recordado por su uso como teatro, cine y espacio para verbenas benéficas; el Teatro-cinema Trino Cruz, también conocido como El Trino o Manpagua, que acogió cine, zarzuelas, revistas, flamenco y variedades; y el Cine Cómico Jardín, en la calle Carteya, un cine de verano muy céntrico, con jardines, gran afluencia de público y estrenos que llegaban casi al mismo tiempo que a Madrid.
Antiguo patio de butacas del Imperial Cinema.
En décadas posteriores, la oferta se amplió con nombres muy recordados como el Imperial Cinema, inaugurado en 1940 en la calle Clavel y considerado uno de los grandes símbolos cinematográficos de La Línea, con más de 1.600 butacas y largas colas alrededor del edificio; el Cinema San Bernardo, en la avenida Menéndez Pelayo, muy popular entre los vecinos de La Atunara, El Conchal y San Bernardo; el Cine Trimope, en la calle Jardines, fundado por Trino Cruz Herrera y llamado así por sus hijos Trino, Moisés y Pepe; el Miramar Cinema, situado en una antigua fábrica de corcho entre la avenida de España y la calle del Sol; el Cine Levante, en la Huerta del Sastre, en la barriada de La Atunara, muy popular pese a sus carencias de comodidad y acústica; el Cine Nuevo, en la calle Alemania, utilizado como sala de verano y más tarde como espacio para teatros y atracciones feriales; y el Cinema San Miguel, en la calle Zorrilla, un cine al aire libre que, aunque funcionó durante pocos años, contó con una gran afluencia de público de los barrios cercanos.
Todas estas salas, repartidas por distintos puntos del municipio, no solo proyectaban películas: también acogían teatro, flamenco, zarzuelas, espectáculos, encuentros vecinales y momentos que quedaron grabados en la memoria colectiva. Por eso, hablar de los antiguos cines y teatros linenses es hablar de una parte esencial de la vida social y cultural de La Línea, una huella que todavía hoy muchos vecinos siguen echando en falta.
Con el cierre de la frontera, la mayoría de estos cines fueron desapareciendo poco a poco. En la década de los ochenta solo resistían tres: el Cómico Jardín, Parque e Imperial, siendo este último el más recordado entre el imaginario colectivo de los linenses, cuya fachada aúm se matiene en pie tras el paso de las décadas.
Hace unos meses, 8Directo salió a las calles de La Línea para preguntar a varios jóvenes linenses por su opinión sobre la oferta de ocio en el municipio. La respuesta fue prácticamente unánime: la oferta es escasa.
Muchos de ellos consideran tedioso tener que desplazarse más de doce kilómetros hasta el cine más cercano, el Odeón Multicines de Bahía Plaza, especialmente quienes no disponen de medios suficientes para acudir a otro municipio y poder disfrutar de los últimos estrenos de cartelera.
En la actualidad, con la próxima apertura del parque comercial de Alcaidesa Marina ha abierto una pequeña ventana de esperanza para todos aquellos vecinos que llevan casi dos décadas sin poder sentarse tranquilamente en una sala de proyección para disfrutar de los últimos estrenos de cartelera. Sin embargo, por el momento, todo continúa siendo una incógnita, ya que se desconoce si este nuevo espacio contará finalmente con salas de cine dentro de su oferta de ocio.
Por eso, la posible llegada de un cine a La Línea no se percibe solo como una nueva opción de entretenimiento, sino como la recuperación de una parte de la vida cultural y social que la ciudad perdió hace ya demasiado tiempo. Mientras tanto, los linenses siguen esperando que aquella pregunta que lleva años en el aire tenga, por fin, una respuesta: que el cine vuelva a La Línea.
