La historia de Begoña García Mujica da para escribir un libro, para hacer una película. Pero de esas que inspiran. Con final feliz. La historia de una mujer embarazada que contrajo el coronavirus este pasado mes de diciembre, a la que le practicaron una cesárea de urgencia, ingresó en la Unidad de Cuidados Intensivos y volvió en sí casi un mes después. El 17 de enero salió finalmente del hospital, justo la fecha en el que debía haber dado a luz. Ironías de la vida. Días antes pudo conocer a su bebé, José Manuel, a punto de cumplir un mes. Llegar a ese momento, asegura a este medio, la ha mantenido con ganas de vivir. Como muchos otros supervivientes de covid, le contamos la historia de una luchadora incansable.
Begoña, una joven linense de 28 años, ingresó por COVID-19 la madrugada del 7 de diciembre en el Hospital comarcal de La Línea. «Estuve unos días antes, me hicieron la prueba pero di negativo. Como me seguía encontrando muy mal, me volví a hacer otra prueba, en el centro de salud, y ya sí salí positiva sin ninguna duda. Tenía una carga viral de más de 500 puntos. Yo ya llevaba unos días confinada por precaución, pero entonces me encerré con más razón. Aguanté dos noches asfixiándome en casa y ya no pude más. Llamamos la ambulancia».
Ahí comienza la pesadilla de Begoña. Un mal sueño en el que lo que más le preocupaba era su bebé. «Unos días después de ingresar, el 9 de diciembre, me vio la ginecóloga y me dijo que por la seguridad del bebé tenían que provocarme el parto. Mi último recuerdo nítido es cuando estaba esperando en la sala de quirófano. Ya no recuerdo más«. Nada más. Ni siquiera alcanzó a oír el primer llanto de su bebé. El pequeño José Manuel llegó a este mundo en pandemia con siete meses y tres semanas. «Él dio negativo. Estaba perfecto. Tenía hasta su peso. No tuvo que pasar por incubadora», añade su orgullosa madre.
Tras la cesárea, Begoña aguantó algunas horas más hasta cruzar la última puerta a la esperanza, como se le conoce en el argot sanitario a la Unidad de Cuidados Intensivos. Permaneció allí, en la UCI «sucia» (para pacientes covid) del 9 al 31 de diciembre. Más tarde la trasladaron a la UCI «limpia».
«Hubo momentos en los que no contaban conmigo. Le dijeron a mi familia que era difícil que saliera de esta»
«Con dos cojones, con dos cojones», le decían los médicos a los familiares de Begoña. «Está resistiendo con dos cojones». «Ellos no se lo creían casi. Hubo momentos en los que no contaban conmigo. Se me pararon los riñones, los pulmones. Le dijeron a mi familia que era difícil que saliera de esta. Pero un día, después de mucho aguantar, fui mejorando poquito a poco, empecé a reaccionar y a salir adelante».
La mejor medicina fue pensar en su bebé, en el momento de conocerlo. «Los ratos en los que me despertaba preguntaba por él. Yo era todo el rato, mi bebé, mi bebé. El 7 de enero, que ya estaba yo mucho más recuperada, pude verlo cinco minutos«. Los cinco minutos más inolvidables de su vida. «Ese momento no lo voy a olvidar nunca».
«Me temblaba todo el cuerpo, por la enfermedad, por la medicación, por los nervios. Me daba miedo cogerlo, pero las enfermeras me ayudaron». Y es que Begoña no se cansa de agradecer el trato recibido por un personal sanitario que durante estos duros meses de batalla contra el covid se ha convertido en su mejor compañía. Los que han estado ahí con ella, en la trinchera. «Me han tratado de maravilla. He estado en las mejores manos. Un personal increíble. No he podido encontrar a mejorar personas. A día de hoy me siguen escribiendo por WhatsApp».
Ahora Begoña descansa en casa, con su niño. Armada de paciencia y buen ánimo para completar su recuperación, mirando al futuro con ilusión y con una experiencia, una dura batalla ganada, que asegura le ha servido para valorar lo verdaderamente importante en esta vida. «Me encuentro bien. Me quedan algunas secuelas como la tos y algo de molestia en la pierna izquierda. Perdí la movilidad pero ya voy andando algo. Estoy yendo a rehabilitación. Poquito a poco«.

