Desde hace seis años, The Animal Collective se ha convertido en un refugio de referencia para la protección animal en la zona de La Línea y alrededores. La iniciativa nació con una idea clara: unir el rescate de animales con la educación y la concienciación social. Su fundadora, Pamela, explica que tras años trabajando y colaborando como voluntaria en otras protectoras, comprendió que sin educación “las cosas no cambian”. De ahí el nombre del proyecto: un trabajo colectivo, en red, entre personas, asociaciones y protectoras.
El día a día en el refugio comienza temprano. Alimentar a los animales y comprobar su estado de salud es la primera tarea, seguida de la limpieza de las instalaciones y la administración de medicación cuando es necesario. Pero no todo es trabajo físico. “Darles amor y cariño es igual de importante”, señala Carmen, una de las responsables.

Uno de los mayores retos a los que se enfrentan es el abandono constante y la falta de recursos económicos. The Animal Collective no recibe ayudas del Ayuntamiento ni de administraciones públicas, por lo que todos los gastos, que oscilan entre 4.000 y 5.000 euros mensuales, dependen de donaciones, rifas y colaboraciones.
El objetivo final de este refugio es claro y, paradójicamente, ambicioso: que algún día no hagan falta centros de acogida porque ningún animal sea abandonado. Mientras tanto, seguirán trabajando, colectivamente, para construir un futuro más justo para los animales.