Los Barrios, a los pies del Nazareno y Dolores en su espectacular salida

La compleja maniobra en la rampa, el esfuerzo de los costaleros y los homenajes vividos en la salida emocionan a un pueblo entregado

Periodista
03 de Abril de 2026
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El roce de las zapatillas de los costaleros avisa de la próxima llegada a las puertas del templo. El paso del Nazareno se desliza sobre la rampa, mientras lo sostienen sus hombres. “Aguantamos con mucho cariño”, dice el capataz Francisco Acosta, también pregonero de esta Semana Santa barreña. El cambio de ruedines a las patas en plena cuesta es uno de los momentos de máxima tensión entre los presentes. Tanto es así que uno de los costaleros deja escapar un argh, producto de ese esfuerzo (des)medido. “Ya estamos fuera, señores. ¡A esta es!”, y, elegante, el Señor inició así su estación de penitencia, acompañado de los sones de la Agrupación Musical del Rosario Coronada de Rota.

Su madre, sufridora, Dolorosa, salía minutos después de la Parroquia San Isidro Labrador. De nuevo, la ardua maniobra para los costaleros, que echaban el peso de su cuerpo hacia delante, en un ángulo agudo, para frenar el deslizamiento de los ruedines. El cambio a las patas se hace con celeridad, con buena parte del palio casi en vertical. Impresiona a la vista. “¡Ay, ay!”, decía una de las presentes, sorprendida por la perspectiva, y quizá algo atemorizada. Y es que, en efecto, la sensación es sobrecogedora. Pero lo tienen todo bajo control. La Banda de Música de Mijas pone banda sonora a una trabajada maniobra y da comienzo a la salida procesional.

El pueblo de Los Barrios fue testigo de un bonito homenaje a tres personas. Manolo Jiménez, anterior capataz de la Venerable Hermandad de Penitencia de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de los Dolores, fue quien puso voz y dedicatoria a una de las levantás del Nazareno: “Se la voy a dedicar a tres personas, dos de ellas no están con nosotros. Una de ellas es mi madrina, que ha fallecido hoy y siempre la echaré de menos. Otra es mi vecina Pepa Moreno, quien habló por mí para que pudiera entrar como cargador con 16 años. Por último, por nuestro pregonero, también capataz. ¡Que la fe del costalero no se pierda! ¡Todos aliviados!”. Suavemente, los costaleros cumplieron con lo prometido y capataz y excapataz se fundieron en un sentido abrazo.

Paso a paso, el Nazareno y la Virgen iban conquistando a los presentes; ellos, en respuesta, quedaban enmudecidos o bien señalaban a otros seres queridos: “miradla”, decían. Otros inmortalizaban para la posteridad instantes de este Jueves Santo, en el que incluso se pudieron escuchar, desde dentro de los respiraderos, las voces de los costaleros. “Vamos a navegar con el Moreno”, decían a los pies del Nazareno. Desde ahí, rugía uno de ellos: “¡Vamos, un pellizquito, un latido!”.

Y así, en una noche oscura y solemne, Los Barrios se dejó llevar por el pulso de sus pasos, entre el esfuerzo callado del costalero y la emoción contenida de un pueblo que, un año más, volvió a encontrarse con su fe a pie de calle.