Las celebraciones navideñas suelen venir acompañadas de comidas abundantes, sobremesas largas y, en muchos casos, consumo de alcohol. La temida resaca nos recuerda al día siguiente que el alcohol, más allá de su efecto social, tiene un impacto fisiológico complejo en nuestro cuerpo. Pero, ¿qué ocurre realmente? ¿Se puede prevenir? ¿Sirve algo más que el agua y el sentido común? Y, sobre todo, ¿qué evidencia poseen los suplementos farmacéuticos “stop-resaca” u otros medicamentos como el paracetamol o el ibuprofeno?
¿Qué ocurre en nuestro cuerpo cuando ingerimos alcohol?
Cuando ingerimos alcohol (etanol), este se metaboliza mayoritariamente en el hígado en dos pasos principales: primero se convierte en acetaldehído, una molécula mucho más tóxica que el propio alcohol, y posteriormente en acetato, una sustancia menos dañina que el organismo puede eliminar. Este proceso depende de enzimas como la alcohol deshidrogenasa y la aldehído deshidrogenasa.
Cuando se consume una cantidad elevada de alcohol en poco tiempo, la capacidad metabólica del hígado se satura y se acumulan niveles elevados de acetaldehído en sangre. Este compuesto, junto con otros efectos del alcohol (inflamación sistémica, alteraciones hormonales, deshidratación y desequilibrios de electrolitos y glucosa) explica los síntomas clásicos de la resaca: dolor de cabeza, náuseas, cansancio, hipersensibilidad a la luz o al ruido y malestar general.
El agua: tu mejor aliada para prevenir la resaca
Una de las principales razones por las que la resaca se vive con tanta intensidad es la deshidratación. El alcohol tiene un efecto diurético que aumenta la producción de orina y favorece la pérdida de líquidos y sales minerales esenciales. Esta deshidratación puede provocar una ligera contracción del tejido cerebral y una irritación de las meninges, lo que contribuye al característico dolor de cabeza.
La recomendación con mayor respaldo práctico es sencilla: intercalar agua con las bebidas alcohólicas. Por ejemplo, por cada copa de alcohol, beber un vaso de agua, y añadir uno o dos vasos más antes de acostarse. Esto no elimina la resaca, pero sí reduce la intensidad de los síntomas asociados a la deshidratación y facilita la eliminación de metabolitos tóxicos.
Además, comer antes de beber retrasa la absorción del alcohol y reduce los picos de concentración en sangre. Alimentos ricos en proteínas o grasas saludables actúan como “amortiguadores”, ralentizando la entrada del alcohol al torrente sanguíneo.
¿Funcionan los suplementos “stop-resaca”?
En los últimos años han proliferado en farmacias y parafarmacias suplementos comercializados como “stop-resaca”. Suelen contener combinaciones de vitaminas del grupo B, minerales como el magnesio, aminoácidos, antioxidantes y extractos vegetales como cardo mariano, nopal, ginseng o menta.
Desde un punto de vista científico, el problema no es tanto lo que contienen, sino lo que prometen. La mayoría de estos productos no cuenta con ensayos clínicos sólidos que demuestren que previenen o reducen de forma significativa la resaca en humanos. Las revisiones científicas disponibles coinciden en que no existen pruebas robustas de eficacia, y que muchos de los beneficios atribuidos proceden de estudios in vitro, en animales o de extrapolaciones teóricas.
Estos suplementos pueden ayudar, como mucho, a reponer parcialmente vitaminas o minerales, pero no actúan sobre los mecanismos centrales de la resaca, como la acumulación de acetaldehído, la inflamación sistémica o la alteración del equilibrio hormonal. En la práctica, su efecto es limitado y, en muchos casos, comparable al placebo. La idea de “neutralizar” una noche de exceso con una cápsula resulta atractiva, pero no está respaldada por la fisiología ni por la evidencia clínica.
¿Ibuprofeno o paracetamol? Lo que conviene saber
Cuando aparece el dolor de cabeza tras una noche de consumo de alcohol, muchas personas recurren automáticamente a analgésicos. Sin embargo, paracetamol e ibuprofeno no son equivalentes ni igualmente seguros en este contexto.
El paracetamol se metaboliza en el hígado y genera metabolitos potencialmente tóxicos que se neutralizan gracias al glutatión. Tras una ingesta elevada de alcohol, las reservas hepáticas de glutatión pueden estar disminuidas. En esta situación, tomar paracetamol (especialmente en dosis altas o antes de que el alcohol haya sido completamente eliminado) incrementa el riesgo de toxicidad hepática, incluso en personas sin patología previa. Por ello, no se recomienda utilizarlo como prevención ni tomarlo antes de dormir tras haber bebido.
El ibuprofeno no presenta este riesgo hepático directo, pero tampoco está exento de problemas. El alcohol irrita la mucosa gástrica y los antiinflamatorios no esteroideos potencian este efecto, aumentando el riesgo de gastritis, dolor abdominal o sangrado gastrointestinal, especialmente si se toman en ayunas.
Conclusión
La resaca no es una simple consecuencia de “haberse pasado”, sino el resultado de procesos fisiológicos bien conocidos: deshidratación, inflamación, estrés hepático y acumulación de metabolitos tóxicos como el acetaldehído. No existe una solución milagrosa ni una pastilla capaz de anular estos efectos de forma inmediata.
Ni los suplementos “stop-resaca” ni los analgésicos sustituyen a las estrategias con mayor respaldo científico, que siguen siendo sorprendentemente simples: moderar el consumo, hidratarse adecuadamente, comer antes y durante la ingesta de alcohol y respetar los tiempos de descanso del organismo. Los medicamentos pueden aliviar síntomas puntuales, pero deben usarse con conocimiento y prudencia.
En definitiva, disfrutar de las celebraciones navideñas no debería implicar poner en riesgo la salud. Aplicar un poco de fisiología, sentido común y espíritu crítico frente a las promesas comerciales es, hoy por hoy, la mejor receta para que la mañana siguiente no arruine la fiesta.
Referencias:
[1] Verster, J. C., & Penning, R. (2010). Treatment and prevention of alcohol hangover. Current Drug Abuse Reviews, 3(2), 103–109. https://doi.org/10.2174/1874473711003020103
[2] Swift, R., & Davidson, D. (1998). Alcohol hangover: mechanisms and mediators. Alcohol Health and Research World, 22(1), 54–60.
[3] McGill, M. R., & Jaeschke, H. (2013). Metabolism and disposition of acetaminophen: recent advances in relation to hepatotoxicity. Drug Metabolism Reviews, 45(1), 87–101.
