Salvaje bondad

Escritora y profesora.
07 de Febrero de 2026
Salvaje bondad

Ya se fue enero y ni usted ni yo hicimos nada de lo que nos propusimos. No se preocupe, nadie lo sabe, guardemos el secreto. Demasiada lluvia, demasiado viento. Adamuz. Escalofrío seco y aliento contenido. Nada que pudiéramos esperar. Parpadeos y vuelta a la pantalla. Sucesión de borrascas, nieve, hielo. La actualidad informativa es la nueva pornografía. Más buscamos cuanto más entrevemos, más tira de nosotros todo lo que no entendemos, pero cómo puede ser esto o aquello, en qué cabeza cabe, a dónde vamos a llegar. La baba de saberse uno y una a salvo en casa, la mala baba. Y la lista de buenos propósitos enterrada en un scroll infinito que nos adormece. Mañana, empiezo mañana. Todos convertidos en Scarlett O’Hara por la gracia de las redes en las que nos olvidamos, primero de nosotros mismos, y, después, inmediatamente, de todos los demás. A Dios pongo por testigo que no volveré a pasar de largo. Pero pasamos. Y ya cayó la primera hoja del nuevo calendario. ¿Es usted capaz de recordar si en estos días hizo algo desinteresado por alguien? ¿Se ocupó de su familia, de sus colegas, de sus vecinos, o solo estuvo preocupado, preocupada? ¿Se ocupó de usted acaso?

Julia de Castro, nuestro premio Feroz 2026 como mejor actriz de reparto, hizo un llamamiento público inédito en nuestro país. Estatuilla en mano detuvo su discurso, delicioso momento de gloria multimediática. Silencio dramático. A continuación, voz calma, serenidad, una idea que se desliza como un terremoto, una afirmación revolucionaria que debía haberse incorporado como artículo destacado de nuestra Constitución española, tallada en piedra por Real Decreto en  los edificios institucionales, bordada con hilos de oro en las heráldicas de cada centro educativo, graffiteada en nuestras calles a lo Banksy, enviada como Es-Alert a toda la ciudadanía, atiendan, escuchen, oigan ustedes, presten atención, se sienten coño.

Y dice así. “Hay que erotizar la bondad…hay mucha más gente buena, pero hacemos menos ruido…las personas que no piensan como nosotros no son una amenaza.” Respire, vuelva a respirar.

Si usted también vive sin vivir en sí, si está más tiempo derrotado por la indignación que esperanzado, si busca cada día eso que le roba las ganas para no tener que dar las gracias nunca a nada ni a nadie, para seguir adelante acelerado sin mirar a los ojos a los desconocidos por la calle, sin reconocerse en ellos, tal vez, solo tal vez, esté usted necesitando un buen chute de bondad, de esa bondad salvaje que hemos abandonado, casi del todo, casi, aunque haya destellos de resistencia, justamente, que nos echen en cara que la oportunidad sigue ahí. ¿Se imagina que ser buenos se vuelva irresistible? Le reto a proponérselo. Aún estamos a tiempo.