El aumento de los costes y la falta de infraestructuras hídricas asfixian al sector agrícola de la comarca

10 de Septiembre de 2022
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El campo agoniza. La actual coyuntura económica, con el aumento de los precios del petróleo y la luz además de la preocupante sequía que azota a buena parte del país, dejan entrever un invierno complicado.

En palabras de Juan de Dios Pérez, gerente de la empresa Pérez Zara Agrícola, "la situación es muy mala desde el punto de vista económico, social y psicológico, la gente está cansada y la desesperación se apodera de los agricultores".

El campo es inviable en términos económicos y esto hace que muchos agricultores opten por abandonar sus tierras y dejarlas improductivas o yermas ante la falta de rentabilidad de sus explotaciones.

La subida de los precios del petróleo y la luz ha dado la puntilla a una precaria situación que lejos de ser puntual se volvió crónica desde hace años.

"Los costes se han disparado, realizar un transporte ha pasado de suponer un gasto de 2.300 euros a 3.400 y por ejemplo, los fertilizantes se han incrementado entre un 40% y un 50%, mientras los pequeños y medianos agricultores seguimos vendiendo al mismo precio", lamenta Pérez.

Una desesperación que comparte el presidente de la cooperativa Tesoricoop, Antonio Carrera. La cooperativa ha pasado de pagar 3.700 euros de luz en julio de 2021 por las dos cámaras frigoríficas que tiene en funcionamiento a tener que hacer frente en el mismo mes de este año a una factura de 8.500 euros.

Los costes de los fertilizantes también se han disparado. De pagar 25 céntimos por kilo se ha llegado en algunos casos a abonar 80. También ha subido en un 30% el precio de otros materiales primarios para la agricultura como mallas, cajas de madrea, papel de seda o la cera que se le aplica a las frutas.

"Todo ello repercute en nuestros márgenes de beneficio, ya que nuestros precios no han subido, por lo que en muchos casos trabajar la tierra no es rentable", asegura Carrera.

De hecho, los agricultores de cítricos de la zona están vendiendo el producto a pérdidas.

Para el presidente de Tesoricoop, el campo de la comarca se enfrenta a dos principales problemas: la falta de infraestructuras hidráulicas y la escasez de mano de obra. "En el caso de la naranja no hay personal ni para recolectar ni para manipular el producto en los almacenes".

Falta de infraestructuras hídricas

Los agricultores del Campo de Gibraltar son unánimes en su queja: la comarca continúa con las mismas infraestructuras hidráulicas de hace 50 años. "Es como si todo el tráfico rodado que discurre actualmente por la A-7 tuviera que ir por una carretera comarcal", compara Pérez de forma bastante descriptiva.

Para el sector agrícola campogibraltareño la solución a la falta de agua pasa por la construcción de la presa de Gibralmedina. "Las administraciones solo se acuerdan del agua cuando falta. Es vida, sin ella no tenemos nada". Son palabras de Pedro Martín, presidente de la comunidad de regantes de La Almoraima, quien pide agilidad a las administraciones para que este proyecto sea una realidad en el menor tiempo posible. Y es que la presa de Gibralmedina, diseñada en el borrador del Plan Hidrológico 2021-2027, está prevista para el horizonte de 2039.

La misma reivindicación trasladan otros compañeros del sector agrícola de la comarca. Para el gerente de la empresa Pérez Zara Agrícola es "desesperante observar como el río Guadiaro vierte todo su caudal al mar sin que el campo pueda aprovecharlo porque no existen las infraestructuras hídricas necesarias". Por su parte, el presidente de Tesoricoop es tajante "no podemos esperar hasta 2039, no tenemos tiempo. Si no llueve en los próximos meses vamos a enfrentarnos a un problema gordo".

Martín lamenta que en el caso de que lleguen restricciones, los primeros que las van a padecer, como siempre, son los agricultores. "La administración tiene un orden: la población, la industria y por último el campo. Si no hay agua se mueren nuestras plantaciones, se nos muere el negocio", advierte.

Además, la presa de Gibralmedina bastaría para abastecer a todo el campo de la comarca por lo que los agricultores podrían sembrar más hectáreas de regadío.

A la falta de infraestructuras hídricas y a la ausencia de lluvias hay que sumarle las averías, que según Martín, hay en la red y que provocan pérdidas de agua constante sin que nadie las repare, como por ejemplo la que se detecta en una tubería a la altura del Cortijo de Majarambú.

Ante este panorama, el sector agrícola del Campo de Gibraltar no se resigna en quedarse mirando a cielo a la espera de unas lluvias que se hacen de rogar, quiere que la administración tome de una vez consciencia de la importancia del sector agroalimentario y ponga soluciones sobre la mesa antes de que sea demasiado tarde.