La magia del reencuentro. Se abren las puertas de la Parroquia de San Bernardo y el corazón se encoge. Asoma el paso de misterio del Santísimo Cristo del Amor. Paso a paso, y con suprema coordinación, el paso de grandes dimensiones encaja por las puertas de su templo, no sin el esfuerzo de sus costaleros. El barrio contiene la respiración ante una maniobra medida al milímetro, que culmina con el Señor ya en la calle.
Tras el Hijo, como siempre, llega la Santa Madre, que no se separa de lo más valioso que tiene. Viene a ofrecer su amor y su Esperanza en los momentos más duros. Así es ella, con su fortaleza y su luz, que ilumina cada tramo de su caminar. Qué dulce reencuentro en este Viernes Santo.
El capataz del Cristo del Amor tuvo palabras para aquellas personas que han fallecido, cuyo recuerdo continúa perenne en los corazones de los presentes, un legado que permanece también para las futuras generaciones. “Por los que no están con nosotros, por esas estrellitas que lucen en la noche”, decía, mientras guiaba a sus hombres por un barrio repleto de devotos. “Vamos como ustedes sabéis, elegantes”, y así lo hicieron, bajo los sones de la Asociación Musical Dulce Nombre de Jesús de Granada.
Como si de un cuadro se tratara, la Santa Madre quedó enmarcada en las puertas de su templo, momento en el que se oyeron suspiros mientras las trompetas de la Maestro Infantes de Los Barrios entonaban el himno de España. Llegó la Esperanza. “Poco a poco”, recordaban los capataces, intentando transmitir calma para disfrutar de la estación de penitencia. “Ya está ella en la calle, la madre de La Línea”, afirmaban. “¡Menos pasos!”. Las ganas del reencuentro propiciaron un andar más ligero, que pronto fue templado para que cada zancada se sintiera.
La Santa Madre luce radiante, como la tarde primaveral que regala este Viernes Santo. Para esta ocasión viste la saya del cincuentenario, confeccionada por Jorge Birkinshaw. La Titular de la Hermandad del Cristo del Amor, María Santísima de la Esperanza, María Magdalena y San Bernardo Abad, luce su tul de seda acompañado de ricas blondas de tul bordado, dispuestas mediante pliegues hasta rematar con un encaje de concha de oro metálico. Como es propio, porta las mariquillas de esmeraldas, puñal de orfebrería dorado con piedras preciosas y diversos broches fruto de donaciones de sus devotos a lo largo de los años. Varios rosarios de rica orfebrería penden de sus brazos y un pañuelo en su mano derecha se ofrece firme, dispuesto a recoger las lágrimas de sus fieles. Sobre su manto de salida, la toca bordada en hilos de oro y sedas y su portentosa corona rematan una imagen de profunda personalidad y devoción en La Línea.
También para la ocasión, el paso de misterio presenta novedades. Como en años anteriores, el Santísimo Cristo del Amor luce las potencias realizadas por el orfebre José Ismael en 2022, símbolo de su divinidad. Santa María Magdalena porta manto de salida verde bordado en oro y percherín bordado, además de estrenar túnica en color ocre. El soldado romano luce nuevos plumajes negros en su casco y ropajes en el mismo tono.
Y así, entre órdenes medidas y emociones a flor de piel, San Bernardo volvió a encontrarse con su Esperanza. Sin prisas, como pedían los capataces, para saborearla. Porque hay reencuentros que no necesitan más que una mirada, un suspiro y el andar acompasado de un paso para quedarse para siempre en la memoria de un barrio.
