El elegante silencio del Santo Entierro y Soledad

La Real, Antiquísima y Venerable Cofradía del Santo Entierro y María Santísima de la Soledad, fundada en 1752, deja una procesión cargada de historia, belleza y fe

Francis Mena.
Periodista
04 de Abril de 2026
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Ajeno al pesar, unos niños juegan en la Plaza Alta de Algeciras. Los mayores mandan guardar silencio cuando, a lo lejos, comienza a verse el brillo dorado de la urna del Santo Entierro. Entonces, el sonido de la icónica fuente se impone en la noche de Viernes Santo. La Real, Antiquísima y Venerable Cofradía del Santo Entierro y María Santísima de la Soledad, fundada en 1752, encara el final de un recorrido cargado de historia de la ciudad, recogimiento y fe.

Los pasos del Santo Entierro y de María Santísima de la Soledad dejan un misterio: es riguroso luto y, a la vez, desprende una elegante luminosidad. Deslumbra la urna dorada y el rostro del Cristo Yacente, y también arroja luz el paso de la Virgen, con un sublime palio que guarda en su techo un impresionante relieve de la patrona de la ciudad, la Virgen de la Palma.

Así iniciaba su estación de penitencia por la tarde, con cientos de fieles en el corazón de la ciudad, y así terminaba la noche, ya hecha madrugada, tras un recorrido magnífico en el que la hermandad, la más antigua de las algecireñas, contó con el acompañamiento de una representación del Regimiento de Costa n.º 4 (RACTA 4). Muchos momentos y sentimientos antes de llegar al culmen.

Con la sobriedad que dicta el momento, los costaleros del Santo Entierro devuelven al Cristo al interior del templo. Mientras, la Soledad da sus últimos pasos por el interior de la Plaza Alta, bien acompañada por sus fieles y por la Banda Sinfónica Amando Herrero de Algeciras. El buen hacer y el esfuerzo de la cuadrilla pusieron, con la misma solemnidad, a la Madre junto al Hijo. 

Las puertas del templo se cierran y, poco a poco, vuelve a romperse el elegante silencio en el que se había sumido la Plaza Alta. Algeciras queda ya a la espera de la Resurrección, mientras rememora los instantes de otra Semana Santa mayúscula.