La fe que mueve el Medinaceli

La salida de María Santísima de la Paz deja momentos de máxima tensión y emoción en una Villa entregada durante el Miércoles Santo

Periodista
02 de Abril de 2026
Salida de Nuestro Padre Jesús Cautivo (Medinaceli) y María Santísima de la Paz desde la Parroquia San Isidro Labrador.

Miradas cómplices. Tensión. Una rampa empinada. Segundos en los que el tiempo se congela. Las dimensiones de las puertas del templo, la Parroquia de San Isidro Labrador, acentúan las arduas labores previas al inicio de la estación de penitencia.

Félix guía a sus costaleros. Son los primeros en mimetizarse, en coordinarse hasta que todo encaja. Y sí: Jesús Cautivo ya pisa las calles de la Villa.

Más laboriosa fue —también por las dimensiones del paso— la salida de Nuestra Señora María Santísima de la Paz. Chemi, capataz de la Virgen, pedía a los suyos que "la cuidaran", que "fueran inteligentes", que escucharan sus instrucciones: "tranquilos, suave, que es un empujoncito". Fueron segundos, pero el silencio se hizo. Cientos de pupilas, clavadas en la Paz, que afrontaba una salida especialmente empinada en un momento de máxima tensión, cuando los ruedines dieron paso a las patas.

María Santísima transmite esa Paz. Sus fieles, en un esfuerzo titánico, lo consiguieron. Suena a victoria la Banda de Música Nuestra Señora del Rosario de El Cuervo, llegada desde Sevilla. Paso a paso, entre aplausos, la Virgen se reencuentra con su pueblo, que la esperaba con ansias en este Miércoles Santo.

Uno de los momentos más emotivos llegó con la primera levantá de Nuestro Padre Jesús Cautivo, a pocos metros de la salida del templo, junto a la Plaza de la Iglesia. Un instante para los que ya no están. "Se me fue hace poco mi amigo Antonio. Las personas no se van cuando no se olvidan, y hoy le vamos a tener presente con nosotros. Va por Antonio García Perea", pronunció el capataz Félix Gálvez. Los aplausos confirmaron que, mientras hay memoria, nadie se desvanece. Y suena la Banda de Cornetas y Tambores María Santísima de la Palma, llegada desde Marchena.

Las estrechas calles de la Villa ganan aún más protagonismo con el paso del Señor y la Señora, que continúan sumando fieles en forma de promesa, dejando tras de sí un mar de fe.