El Gran Poder se apoderó del centro de la ciudad, y la expectación recorría cada rincón de la Plaza de la Iglesia. Las puertas de la cofradía se abrieron y apareció Él, frente a su gente, en otro Jueves Santo más que volvió a unir a los linenses en un mismo sentimiento, fundido en palmas, emoción contenida y lágrimas inevitables.
La Policía abría paso a Nuestro Padre Jesús del Gran Poder, mientras se hacía difícil contener el impulso de quienes querían acercarse, rozar su paso o simplemente sentirlo más cerca. El reloj marcaba las 20:00 horas cuando la Real, Venerable y Antigua Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder, María Santísima Reina de los Ángeles y Santa Cruz de Jerusalén alzó al Señor al cielo de La Línea. Un instante solemne que dejó imágenes imborrables y corazones sobrecogidos, donde muchos fieles no pudieron contener las lágrimas.
El cortejo avanzó por calles como Duque de Tetuán, López de Ayala, Méndez Núñez y Alfonso X El Sabio, en un caminar marcado por el respeto y la admiración. A su llegada a la Plaza de Fariñas, los aplausos rompieron el profundo silencio que había acompañado cada paso, como si la ciudad entera contuviera la respiración ante su presencia.
La noche continuó envolviendo al Gran Poder en un ambiente de recogimiento y devoción, dejando tras de sí una estampa que, una vez más, reafirma que en La Línea la Semana Santa no solo se vive… se siente en lo más profundo del alma.