Tarifa ha sido escenario del desenlace de una historia familiar marcada por el silencio durante más de siete décadas. A sus 94 y 73 años, Curra y Benito han pasado de ser oficialmente hermanos a ser madre e hijo, después de que un juzgado haya reconocido legalmente su vínculo biológico y ordenado la rectificación en el Registro Civil.
"Estamos muy contentos. Ella quería tener los papeles de que yo era su niño pequeño. Va a ser beneficioso para los dos", explica Benito en declaraciones a EFE desde Tarifa, donde ambos residen.
La historia se remonta al 3 de abril de 1953, cuando Benito nació y fue inscrito en el Registro Civil de Tarifa como hijo de quienes, en realidad, eran sus abuelos maternos.
Según recoge la demanda presentada en la Sección Civil de los tribunales de instancia de Algeciras por el despacho de abogados de Jesús Odériz, Curra era entonces una joven soltera y sin recursos que había quedado embarazada tras una relación sentimental esporádica con un hombre del que nunca volvió a saber.
El escrito señala que, ante el temor al qué dirán, las rígidas normas sociales de la época y el miedo a la marginación, sus padres decidieron ocultar el embarazo, manteniéndola recluida en casa durante toda la gestación y evitando cualquier contacto con el exterior.
Tras el parto, Benito fue inscrito como hijo de sus abuelos, mientras que Curra pasó a figurar oficialmente como su hermana, una situación que prolongó durante décadas una ficción jurídica y familiar.
Curra asumió ese silencio impuesto y continuó presente en la vida de Benito desde el papel que le había sido asignado. Sin embargo, él siempre sintió que su relación era diferente.
"Siempre sospeché que era mi madre. Tenía una forma de comportarse conmigo... era mi hermana especial", recuerda Benito, quien explica que de niño nunca se atrevió a expresar lo que sentía. Hacia los 14 años empezó a intuir con más claridad cuál era la realidad, aunque el tema siguió siendo un tabú durante mucho tiempo.
Con los años, Curra se trasladó a vivir a Ceuta, donde formó una familia y tuvo más hijos. Benito también pasó una etapa con ella, hasta que finalmente fue conociendo la verdad.
Aunque su entorno familiar ya conocía la situación, legalmente seguían figurando como hermanos. El pasado verano decidieron iniciar el proceso para corregir esa realidad antes de que Curra falleciera con esa "pena".
Tras someterse a una prueba de ADN, que confirmó el vínculo biológico, un juzgado ha reconocido oficialmente que Benito es hijo de Curra y ha ordenado modificar su inscripción registral.
La sentencia supone, según la demanda, "una profunda reparación emocional para ambos" y "el cierre de una herida" provocada por las convenciones sociales y el miedo a la deshonra que imperaban en aquella época.
Benito reconoce que le preocupaba que pudiera interpretarse que la reclamación respondía a intereses económicos. "Mi madre es una mujer muy humilde, sus hijos la ayudamos", afirma, satisfecho de que la resolución judicial permita que, desde ahora, sus dos hijos puedan llamar abuela a quien hasta ahora figuraba oficialmente como su tía.
Para Benito, esta historia también refleja la evolución de la sociedad. "No nos damos cuenta de lo que la sociedad ha cambiado. Antes la mujer no tenía ningún derecho", concluye.
