Jacinto Muñoz, una vez nombrado alcalde de Algeciras tras triunfar la moción de censura del Partido Popular contra José Ignacio Landaluce, realizó en el pleno un discurso entre lo personal y lo político, más de lo primero que de lo segundo, lo que provocó hasta lágrimas de algunos de sus compañeros de bancada. Como hizo en una reciente entrevista a 8Directo, reconoció que le habría gustado llegar al cargo en otras circunstancias, «con alegría e ilusión», pero admitió que el momento «es triste, marcado por sentimientos encontrados y cierta sensación algo amarga».
El nuevo regidor volvió a reconocer el trabajo de Landaluce y reivindicó la labor colectiva del equipo de gobierno durante los últimos años. Enumeró actuaciones en las barriadas, instalaciones deportivas, colegios, parques, playas y equipamientos municipales, además de proyectos como el conservatorio Paco de Lucía, la nueva sede judicial y el centro de salud de La Bajadilla, que por cierto sigue pendiente.
Muñoz quiso dejar claro que los logros no pertenecen a una sola persona, sino al conjunto de concejales, trabajadores municipales y vecinos que han contribuido a mejorar la ciudad. También reconoció que siguen existiendo problemas por resolver, como calles y barriadas que necesitan más atención y familias que atraviesan dificultades.
«No quiero once concejales trabajando para un alcalde, seré un alcalde trabajando junto a once concejales», afirmó.
El momento más emotivo llegó cuando habló de su familia. Muñoz recordó a sus padres, a su mujer, Mari Carmen, y a sus hijos, antes de detenerse emocionado en su nieta Carmen, «cuya llegada al mundo ha coincidido con unos días especialmente difíciles para la familia». «Si algún día tengo que elegir entre que mis hijos se sientan orgullosos del cargo que he ocupado o de la persona que he sido, no tengo duda, quiero que se sientan orgullosos de su padre», afirmó.
Sus palabras emocionaron también a varios concejales presentes en el salón de plenos, que no pudieron contener las lágrimas.
Muñoz, católico y cofrade, cerró su intervención con una referencia bíblica, del libro del Eclesiastés: «Todo tiene su momento y cada cosa su tiempo bajo el cielo». Después, apeló a la unidad de la corporación y prometió un Ayuntamiento cercano, abierto a los vecinos y dispuesto a escuchar también a quienes piensan de forma diferente.
«Las personas pasamos, los cargos terminan, las etapas se cierran, pero Algeciras permanece», concluyó. Sus últimas palabras, «Hoy por Algeciras, más que nunca», dieron paso a los aplausos del salón, con la excepción de Vicente Palomares, el único de los concejales que respaldan al alcalde que asistió y votó.
